Una importante decisión sobre tierras en Alaska abre una nueva batalla política y ambiental

El Departamento del Interior de Estados Unidos prevé transferir aproximadamente 1,4 millones de acres de tierras públicas nacionales en el corredor de servicios Dalton de Alaska al Estado de Alaska, según una declaración de Sierra Club publicada por CleanTechnica. La decisión ha intensificado de inmediato una batalla más amplia sobre cuánto desarrollo industrial debería permitirse en una de las regiones más sensibles del país desde el punto de vista ambiental.

El corredor incluye partes del corredor del Sistema de Oleoducto Trans-Alaska, la autopista Dalton y rutas propuestas vinculadas a proyectos como la carretera minera de Ambler y el proyecto Alaska LNG. El control de la tierra pasaría al gobierno estatal de Alaska, que, según Sierra Club, ha impulsado la expansión del desarrollo industrial en la región.

Con base en el material fuente proporcionado, el plan de transferencia parece formar parte de una apertura de política más amplia en el norte de Alaska. La declaración afirma que la medida sigue a una decisión anterior de la administración Trump que revocó protecciones sobre más de dos millones de acres de tierras públicas al norte del río Yukon y las abrió a actividades de minería y perforación.

Qué está en juego en el corredor

El corredor de servicios Dalton no es solo un bloque abstracto de tierra en un mapa. Es una ruta estratégica a través de una zona ya moldeada por la infraestructura existente y por debates de larga data sobre recursos. Como se superpone con corredores de oleoductos y carreteras, y con rutas de proyectos propuestos, el control de la tierra tiene consecuencias para el ritmo y la facilidad del futuro desarrollo de extracción y transporte.

Por eso la transferencia está generando una reacción tan fuerte. Los grupos ambientalistas y muchos actores indígenas y locales han sostenido a menudo que el desarrollo basado en corredores puede expandirse mucho más allá de una huella industrial estrecha, afectando ecosistemas, el movimiento de la fauna y las prácticas de subsistencia en un área mucho más amplia.

La declaración de Sierra Club presenta la transferencia como una medida que eliminaría protecciones federales importantes para los usuarios de subsistencia y que facilitaría la ejecución de proyectos de minería y perforación. Sostiene que la decisión pone en riesgo daños ecológicos, presión sobre las comunidades tribales y cambios duraderos en paisajes que hasta ahora habían evitado una industrialización más intensa.

Cómo los opositores están enmarcando la medida

El lenguaje de Sierra Club es inusualmente directo, incluso según los estándares de la defensa ambiental. Dan Ritzman, director de conservación del grupo, dijo que la medida ayudaría a los “contaminadores corporativos” a expandir la actividad minera y de petróleo y gas, y acusó a la decisión de ignorar los deseos de las comunidades locales y de las tribus que dependen de la región.

Andrea Feniger, directora de la filial de Alaska de Sierra Club, describió la medida menos como una transferencia a los habitantes de Alaska y más como una concesión a corporaciones externas que buscan alivio frente a las protecciones federales. Esos comentarios dejan claro que los opositores pretenden enmarcar el asunto no solo como una disputa sobre la gestión de tierras, sino como un conflicto sobre quién se beneficia del desarrollo de Alaska y quién asume el costo a largo plazo.

Esa formulación tiene importancia política. Los debates sobre el desarrollo ártico y subártico a menudo se dividen no solo entre líneas ambientalistas e industriales, sino también en torno al control estatal frente al federal, el acceso rural, los derechos indígenas y si las ganancias económicas permanecen en el lugar o fluyen hacia afuera.

Por qué esto importa más allá de Alaska

Incluso con la limitada información disponible aquí, la historia tiene relevancia nacional. Las transferencias de tierras federales vinculadas a corredores energéticos y mineros pueden moldear durante años el acceso a minerales críticos, la infraestructura de combustibles fósiles y los grandes proyectos de capital. También ponen a prueba hasta dónde están dispuestos a llegar los responsables políticos actuales para reducir la supervisión federal en favor del desarrollo liderado por los estados.

Alaska, en particular, se ha convertido en un foco recurrente porque concentra tanto un gran potencial de recursos como algunos de los territorios de conservación más disputados de Estados Unidos. Las decisiones allí suelen funcionar como señales de política sobre el enfoque más amplio de la administración respecto a la seguridad energética, la extracción, la concesión de permisos y la gobernanza de tierras públicas.

La inclusión de la carretera minera de Ambler y de la ruta de Alaska LNG en la declaración de Sierra Club subraya que la lucha no es solo por la preservación. También se trata de si los gobiernos están construyendo las condiciones legales y territoriales para la futura gran industria. Una vez que se toman las decisiones sobre corredores, pueden determinar lo que más adelante será viable.

La siguiente fase probablemente será legal y política

Sierra Club dice que está combatiendo la medida en los tribunales y que seguirá oponiéndose a lo que describe como intentos de beneficiar a contaminadores e industrias extractivas a expensas de las protecciones de las tierras públicas. Eso sugiere que la transferencia no avanzará simplemente sin oposición como un asunto administrativo.

Lo que viene a continuación probablemente implicará una combinación de litigios, disputa entre el estado y el gobierno federal, e intensificación de la campaña pública. La disputa central ya está clara a partir del material fuente: los defensores del desarrollo probablemente verán un mayor control estatal como una vía para el uso de recursos y la expansión de la infraestructura, mientras que los opositores lo ven como un debilitamiento de las salvaguardas ambientales y de las protecciones locales.

El hecho inmediato es sencillo: se está planificando una transferencia de tierras muy grande en un corredor vinculado a importantes propuestas mineras, de perforación y energéticas. La pregunta más difícil, y la que definirá la batalla que se avecina, es si esa transferencia se convertirá en una puerta de entrada a una aceleración de la construcción industrial en una región donde la política de tierras, la estrategia energética y la protección ecológica son inseparables.

Este artículo se basa en información de CleanTechnica. Leer el artículo original.

Originally published on cleantechnica.com