Los fabricantes de automóviles estadounidenses están entrando en el almacenamiento de energía

Ford y General Motors son mejor conocidos por sus automóviles y camionetas que por los equipos de red eléctrica, pero esa distinción empieza a difuminarse. Ante una transición más difícil hacia los vehículos eléctricos y un entorno político que ya no favorece las ventas de EV con tanta fuerza como antes, ambas compañías están profundizando su incursión en el almacenamiento de energía en baterías.

El cambio no es solo un negocio secundario. Según el material fuente, Ford anunció formalmente esta semana una nueva escisión llamada Ford Energy, que se centrará en los sistemas de almacenamiento de energía en baterías, o BESS. La nueva unidad planea vender a empresas de servicios públicos, clientes industriales y centros de datos, con las primeras entregas previstas para finales de 2027.

La medida da una estructura más clara a una tendencia ya visible en toda la industria. Los fabricantes de automóviles que antes presentaban las baterías principalmente como una vía hacia gamas totalmente eléctricas están tratándolas cada vez más como productos de infraestructura independientes. En ese sentido, la batería en sí está pasando a ser más importante que el vehículo al que originalmente debía alimentar.

Por qué ahora el almacenamiento parece más atractivo que la expansión de los EV

El momento elegido por Ford refleja una combinación de presión empresarial y cambio de políticas. La compañía registró el año pasado un cargo por deterioro de 19.500 millones de dólares en sus programas de EV, después de cancelar algunos vehículos eléctricos actuales y de próxima generación y renovar su énfasis en los híbridos. El almacenamiento de baterías ofrece una vía económica distinta, menos expuesta a la débil demanda de EV y más alineada con los incentivos comerciales de energía.

El artículo señala que sigue vigente el apoyo federal a los proyectos comerciales de almacenamiento con baterías, incluso después de que una legislación impulsada por el Partido Republicano el año pasado eliminara un respaldo comparable para las ventas de EV. Eso importa porque cambia dónde podrían rendir más rápidamente las inversiones en baterías. En lugar de perseguir una transición masiva de consumidores que ha resultado desigual, los fabricantes de automóviles pueden vender grandes sistemas a clientes institucionales que operan bajo señales de demanda más claras.

También hay una segunda fuerza detrás del giro: la inteligencia artificial. Los centros de datos están ampliando su apetito por electricidad confiable, y los sistemas de almacenamiento se están volviendo cada vez más parte de la conversación sobre cómo suavizar la demanda eléctrica, apoyar la resiliencia e integrar recursos energéticos a escala. Si la IA está impulsando el gasto en infraestructura, las baterías se convierten en algo más que una tecnología automotriz. Pasan a ser parte del soporte operativo de la economía digital.

El plan de Ford es lo bastante concreto como para mover los mercados

Los inversores reaccionaron con fuerza al anuncio de Ford. Las acciones de la compañía subieron un 13 por ciento con la noticia, su mayor ganancia en un solo día en años, según la fuente. Esa reacción sugiere que el mercado ve la estrategia no como una distracción del negocio principal de Ford, sino como un uso potencialmente más rentable de su capacidad de fabricación y de sus alianzas en baterías.

Ford dice que reutilizará líneas de producción no empleadas en una planta de Glendale, Kentucky, que en su momento estaba destinada a fabricar baterías para EV. La reutilización importa aquí. En lugar de construir desde cero una base industrial completamente nueva, la empresa intenta redirigir activos ya vinculados al impulso de la electrificación.

El artículo también señala la alianza de cuatro años de Ford con CATL, que se espera que continúe aportando experiencia de fabricación. Esa relación le da a Ford un puente técnico entre la ambición de baterías para vehículos y la ejecución en almacenamiento estacionario. También subraya una realidad incómoda para los fabricantes estadounidenses: avanzar rápido en baterías todavía depende a menudo de experiencia externa, incluso cuando el objetivo es construir más capacidad doméstica con el tiempo.

El director ejecutivo de Ford, Jim Farley, ya había incluido el almacenamiento de energía en baterías entre las oportunidades de “alto margen” de la compañía en diciembre. En el contexto de una industria famosa por sus márgenes estrechos en los vehículos y por una demanda cíclica, ese encuadre es central. El almacenamiento no es simplemente una cobertura frente a la debilidad de los EV. Se está presentando como un mejor negocio.

GM sigue una trayectoria similar

Ford no está sola. La fuente describe la propia actividad de GM en el sector, incluida una alianza anunciada el año pasado con Redwood Materials para fabricar baterías destinadas al almacenamiento de energía. En marzo, GM también dijo que trabajaría con LG Energy Solution para reconvertir una planta de baterías para EV en Tennessee y fabricar productos de almacenamiento de energía.

El patrón es lo bastante claro como para leerlo como un cambio de industria y no como un experimento aislado. Ambos fabricantes están tomando instalaciones, conocimientos y relaciones de suministro construidos durante la carrera por los EV y redirigiéndolos hacia el almacenamiento estacionario. Eso no significa que la electrificación de los vehículos esté desapareciendo. Sí significa que la promesa comercial a corto plazo de las baterías puede ser ahora más fuerte fuera del vehículo en sí.

Para las compañías que pasaron años diciéndoles a los inversores que los EV eran el futuro, el mensaje está cambiando. Las baterías siguen siendo centrales, pero el caso de uso se amplía. Es posible que las empresas de servicios públicos, las fábricas y los centros de datos sean compradores más fiables que los consumidores, que todavía afrontan incertidumbre sobre precios, carga y políticas en torno a los autos eléctricos.

Lo que esto dice sobre la siguiente fase de la industria automotriz

El giro energético del sector automotriz revela cuánto ha cambiado el significado de la electrificación. La estrategia temprana de los EV solía centrarse en curvas de adopción del consumidor, lanzamientos de modelos y transiciones de marca. La nueva fase parece más infraestructural. Se trata menos de convencer a un conductor de comprar un vehículo y más de suministrar sistemas a clientes que ya saben que necesitan capacidad eléctrica.

Eso podría traer una demanda más estable, pero también cambia en qué tipo de compañía debe convertirse un fabricante de automóviles. Vender sistemas de almacenamiento a empresas de servicios públicos y operadores industriales requiere ciclos de ventas, expectativas de servicio y compromisos de rendimiento distintos de los de vender vehículos a través de redes de concesionarios. La oportunidad puede ser atractiva, pero no es automática.

Aun así, la lógica detrás del cambio es sólida. El conocimiento de fabricación de baterías es caro de construir y difícil de abandonar. Si la demanda de EV se debilita mientras el almacenamiento comercial sigue respaldado por políticas y impulsado por las necesidades eléctricas de la era de la IA, entonces redirigir capacidad es una medida racional.

El lanzamiento formal de Ford Energy le da al fenómeno una identidad más nítida. Los movimientos paralelos de GM refuerzan que no está actuando sola. La historia de fondo es que los grandes fabricantes de automóviles ya no apuestan solo por lo que las baterías pueden hacer en la carretera. Están apostando por lo que las baterías pueden hacer para la red eléctrica, para los usuarios industriales y para una economía que depende cada vez más de la capacidad de cómputo.

Eso podría convertirse en uno de los ajustes industriales más trascendentes de la era posterior al auge de los EV. Las compañías siguen fabricando automóviles. Pero, en términos estratégicos, empiezan a parecerse mucho más a empresas energéticas.

Este artículo se basa en una investigación de Wired. Leer el artículo original.

Originally published on wired.com