La evidencia genética más reciente apunta a contaminación, no a claridad
El Sudario de Turín ha estado durante siglos en el centro de la devoción religiosa, el debate histórico y la controversia científica. Un nuevo estudio centrado en el ADN, informado por Gizmodo, no resuelve la discusión sobre el origen de la tela, pero sí aclara una cosa: el registro genético ahora presente en la tela parece demasiado mezclado para ofrecer pruebas decisivas sobre quién la tocó o cuándo fue hecha.
El artículo, liderado por Gianni Barcaccia, de la Universidad de Padua, y disponible actualmente como preprint en bioRxiv, aún no ha sido revisado por pares. Aun así, su hallazgo principal es directo. Los investigadores identificaron una colección extremadamente diversa de ADN medieval y moderno de humanos, animales y plantas en el sudario. Esa amplitud de material debilita la idea de que el análisis metagenómico pueda recuperar limpiamente una firma biológica original de la propia reliquia.
En la formulación citada del artículo, la tela “entró en contacto con múltiples individuos”, lo que dificulta identificar cualquier ADN original asociado con el sudario. Para una reliquia que ha sido manipulada, exhibida, transportada y conservada a lo largo de los siglos, esa conclusión es menos sorprendente que trascendente. Significa que una de las rutas científicas modernas más interesantes para este debate puede no ofrecer el tipo de respuesta que los defensores de ambos bandos desean.
Una reliquia con un registro largo y disputado
El Sudario de Turín es un lienzo de lino de unos 4,4 metros de largo y 1,1 metros de ancho, que muestra la imagen de un hombre crucificado. Para los creyentes, esa imagen ha alimentado la afirmación de que la tela alguna vez envolvió a Jesús de Nazaret. Para historiadores y científicos, la pregunta más inmediata ha sido si la reliquia puede fecharse y ubicarse geográficamente con seguridad mediante evidencia física.
Según el relato proporcionado, la primera aparición histórica definitiva del sudario procede de un documento de 1389 que lo describía como una falsificación. Después, la tela cambió de manos varias veces, sobrevivió a un incendio y finalmente quedó establecida en Turín, Italia, donde permanece hoy en la Capilla del Santo Sudario.
Esa cronología histórica ha hecho que la datación científica sea especialmente importante. Si se demostrara que la tela procede del primer siglo, su estatus cambiaría drásticamente. Si data de la época medieval, las afirmaciones más sólidas de autenticidad se vuelven mucho más difíciles de sostener.
La datación por radiocarbono sigue importando
La principal referencia sigue siendo la prueba de radiocarbono publicada en 1989, cuando investigadores británicos, estadounidenses y suizos analizaron muestras con permiso del Vaticano. Ese trabajo concluyó que el sudario probablemente databa de entre 1260 y 1390 d.C. En otras palabras, la tela parecía medieval, no del primer siglo.
El texto fuente señala que esta conclusión ha sido cuestionada por algunos estudiosos, pero también cita al paleogenetista Anders Götherström, quien afirma que la mayoría de los investigadores consideran que la datación es suficientemente robusta. Eso no significa que el debate haya desaparecido. Sí significa que la carga científica para revertir la datación medieval sigue siendo alta.
El nuevo trabajo de ADN no sustituye la datación por radiocarbono, ni demuestra de forma independiente un origen medieval. Su importancia está en otro lugar. Debilita la esperanza de que el ADN residual en la tela pueda ofrecer un atajo limpio hacia la verdadera antigüedad de la reliquia o la historia de sus primeros manejos.
Por qué el ADN no es निर्णitvo
En teoría, el ADN recuperado de un artefacto podría revelar dónde ha estado, quién lo tocó o con qué materiales biológicos estuvo en contacto. En la práctica, el sudario presenta un problema extremo de contaminación. Una reliquia que ha pasado por siglos de ritual, conservación, almacenamiento, exhibición pública y exposición ambiental es exactamente el tipo de objeto propenso a acumular huellas biológicas superpuestas de muchas épocas.
La amplia mezcla de ADN humano, animal y vegetal hallada en el preprint encaja con esa expectativa. En lugar de aislar una señal original significativa, el análisis parece mostrar un registro de contacto repetido a lo largo del tiempo. Eso es científicamente interesante, pero no es el tipo de evidencia que pueda identificar con confianza a un primer propietario, un primer lugar o una cronología del primer siglo.
El estudio también sigue a un artículo de 2015, dirigido por el mismo investigador, que sugería que el sudario se había fabricado en India. Los nuevos hallazgos, sin embargo, parecen moverse en una dirección más cautelosa. En lugar de aclarar un origen único, subrayan lo difícil que puede ser extraer pruebas concluyentes de un objeto tan manipulado.
El resultado no es un veredicto final, pero sí aclara el estado del debate. La datación científica más citada del sudario sigue situándolo en la era medieval. El análisis de ADN más reciente no revierte esa conclusión. Si acaso, sugiere que la historia biológica acumulada de la reliquia es tan abigarrada que la genética puede ser menos útil aquí de lo que algunos esperaban.
Este artículo se basa en la cobertura de Gizmodo. Lee el artículo original.
Originally published on gizmodo.com





