El modelo básico siempre ha sido el chiste de la familia
En la cultura de los muscle cars, el acabado de acceso ha sido durante mucho tiempo el blanco de las bromas. El V8 es lo que da a estas máquinas su reputación, su sonido y su actitud, mientras que cualquier versión inferior suele tratarse como una ocurrencia de coche de alquiler. Ese instinto no es del todo equivocado, pero también oculta un cambio interesante ocurrido durante la última década.
Logan K. Carter, de Jalopnik, sostuvo recientemente que el moderno motor de cuatro cilindros turboalimentado que ocupa la base de la gama de los muscle cars es realmente mejor que los decepcionantes V6 que los fabricantes solían montar. El argumento se apoya en gran medida en una prueba retrospectiva de MotorWeek a un Chevrolet Camaro de 1993 con el V6 básico, un coche cuyo rendimiento medido hace que el moderno cuatro cilindros parezca una revelación. Los tradicionalistas se quejan de que un cuatro cilindros turbo no tiene el número adecuado de cilindros para un muscle car. El cronómetro, sin embargo, cuenta otra historia.
Qué midió MotorWeek en 1993
El Camaro probado por MotorWeek llevaba una automática de cuatro velocidades, una transmisión que nunca iba a favorecer la aceleración en línea recta. Incluso teniendo en cuenta esa desventaja, las cifras eran desalentadoras.
- Aceleración de 0 a 60 mph en 8,8 segundos
- Más de medio segundo más lento que un Nissan Altima del mismo año
- El Altima de prueba se benefició de una transmisión manual
- El Camaro utilizaba una automática de cuatro velocidades
La comparación con el Altima es la que más impacta. El Altima era una berlina familiar convencional, no un coche de altas prestaciones, mientras que el Camaro de 1993 debía ser un pony car de propulsión trasera con una larga tradición deportiva. Que un Camaro básico pudiera ser ampliamente superado por una berlina familiar de cuatro cilindros recuerda que el emblema del capó y el motor instalado debajo no siempre hablaban el mismo idioma.
Por qué los V6 antiguos se quedaban tan cortos
Hay una razón estructural sencilla por la que los motores básicos de aquella época rendían poco. Los fabricantes los obtenían con frecuencia del catálogo general de componentes de coches familiares, lo que significaba que eran V6 diseñados para desplazamientos diarios, consumo y suavidad, no para una intención deportiva. Combinar ese motor con una automática de cuatro velocidades agravaba el problema: menos relaciones implicaban mayores saltos entre marchas, reducciones más lentas y un motor obligado a trabajar fuera de su estrecha banda de potencia.
El resultado era un coche que parecía cumplir su papel, pero no podía demostrarlo. Los compradores que querían el diseño y el chasis de propulsión trasera sin pagar el precio del V8 recibían un vehículo superado por berlinas corrientes, un compromiso que debilitaba la razón misma de comprar un muscle car.
El cuatro cilindros turbo cambió las reglas
El Chevrolet Camaro volvió a dejar de producirse, pero cuando llegó su generación más reciente en 2016, el motor básico era un cuatro cilindros turboalimentado de 2,0 litros con 274 caballos y 295 lb-pie de par. Car and Driver registró 5,4 segundos de 0 a 60 mph en un Camaro 2.0T de 2016 con cambio manual de seis velocidades, más de medio segundo más rápido que un Nissan Altima V6 de aquella época.
- Motor: cuatro cilindros turboalimentado de 2,0 litros
- Potencia: 274 caballos y 295 lb-pie de par
- Transmisión del coche probado: manual de seis velocidades
- 0 a 60 mph medido: 5,4 segundos
Más allá de la aceleración pura, el menor peso del coche de cuatro cilindros recibió elogios por ofrecer una dinámica de conducción realmente atlética, un área en la que el Camaro de 1993 podía reivindicar cierta credibilidad, pero donde el moderno simplemente hace más con menos masa sobre el eje delantero. El turbo permite que el motor pequeño rinda muy por encima de su cilindrada, mientras que una caja manual moderna o una automática de varias velocidades lo mantiene en su banda de potencia.
El Mustang EcoBoost cuenta la misma historia
La respuesta de Ford a la misma cuestión sigue un arco casi idéntico y, a diferencia del Camaro, continúa a la venta. El Mustang EcoBoost utiliza un cuatro cilindros turboalimentado de 2,3 litros con 315 caballos y 350 lb-pie de par. Solo se ofrece con una automática de 10 velocidades, y las pruebas de Car and Driver produjeron un tiempo de 4,5 segundos de 0 a 60 mph. Es considerablemente más rápido que cualquier berlina familiar y un segundo completo más rápido que el reconocido Honda Accord 2.0T.
El contraste con la propia historia de Ford es contundente. Cuando MotorWeek probó un Mustang V6 descapotable de 1997 con automática de cuatro velocidades, registró 10,1 segundos de 0 a 60 mph, una cifra que hoy se consideraría lenta incluso para un crossover compacto. El EcoBoost descapotable de 2015, aun siendo ya un diseño antiguo con automática de seis velocidades, funcionaba en un universo de prestaciones completamente distinto.
El número de cilindros no equivale a capacidad
La objeción a los muscle cars de cuatro cilindros suele centrarse en la identidad, no en las prestaciones. El rugido de un V8 forma parte del paquete cultural y un cuatro cilindros turbo suena distinto. Es una preferencia estética legítima, pero no un argumento de ingeniería, y los datos no respaldan la idea de que menos cilindros signifique automáticamente menos coche.
El turbo moderno, la inyección directa y las transmisiones de varias velocidades con relaciones estrechas han cambiado fundamentalmente lo que puede hacer un motor de pequeña cilindrada. El par llega pronto y se mantiene en una banda amplia, justo la característica que hace que un coche se sienta rápido en la conducción diaria. Además, el peso ahorrado sobre el eje delantero mejora la respuesta de la dirección y el equilibrio, beneficios que aparecen cada vez que el coche gira, no solo cuando se pisa el acelerador a fondo.
La trampa de la nostalgia
Las pruebas retrospectivas como las de MotorWeek cumplen una función útil: sustituyen la memoria por mediciones. Décadas de nostalgia han convencido a muchos aficionados de que los modelos básicos antiguos eran honestos, analógicos e infravalorados. El Camaro de 8,8 segundos y el Mustang de 10,1 segundos sugieren algo diferente: la parte baja de la gama realmente era el punto débil de la familia, y los compradores pagaban por la apariencia más que por la capacidad.
Los muscle cars básicos actuales reciben críticas por el motivo contrario: se consideran demasiado sofisticados, demasiado turboalimentados y demasiado alejados del molde V8. Sin embargo, un Mustang de 4,5 segundos o un Camaro de 5,4 segundos habrían sido prestaciones extraordinarias en los años noventa, y no solo para un coche de acceso. El cuatro cilindros moderno es más rápido que muchos V8 de la época que supuestamente deja en ridículo.
El argumento a favor del coche de altas prestaciones asequible
El verdadero valor de la fórmula del cuatro cilindros turbo es la accesibilidad. Un muscle car básico conserva el diseño, la propulsión trasera y la puesta a punto del chasis que hacen atractivo al modelo, al tiempo que reduce el precio de entrada y mejora el consumo. Para los conductores que quieren la forma y el comportamiento sin las primas de seguro ni las facturas de combustible de un V8, esa compensación resulta cada vez más difícil de discutir.
La conclusión honesta es que el muscle car de acceso por fin ha alcanzado su propio marketing. Hicieron falta aproximadamente dos décadas, el paso de los V6 atmosféricos a los cuatro cilindros turbo y transmisiones con muchas más relaciones que las antiguas automáticas de cuatro velocidades, pero la versión barata ya no es la vergonzosa. Medido con el mismo cronómetro que MotorWeek utilizó en 1993, el cuatro cilindros turbo moderno gana con claridad, y es un cambio que merece celebrarse, no lamentarse.
Este artículo se basa en información de Jalopnik. Leer el artículo original.
Originally published on jalopnik.com








