Introducción: La salida de Polestar de EE. UU. desata una batalla legal
Polestar, el fabricante sueco de vehículos eléctricos propiedad mayoritaria de la china Geely, enfrenta una demanda de $25 millones por parte de uno de sus concesionarios en EE. UU., Prestige Imports. El concesionario alega que Polestar orquestó deliberadamente su propia prohibición en el mercado estadounidense para escapar de sus obligaciones contractuales, en lugar de ser forzado a salir por cambios regulatorios. Esta disputa legal arroja luz sobre la compleja interacción entre las políticas de seguridad nacional, el comercio internacional y la industria automotriz.
Antecedentes: La regla de vehículos conectados y la prohibición de Polestar
La Regla de Vehículos Conectados de la Administración Biden, que prohíbe el software utilizado para comunicaciones y conducción autónoma de "adversarios extranjeros" como China, entrará en vigencia con el año modelo 2027, con restricciones de hardware a partir de 2029. Esta regla, junto con un proyecto de ley bipartidista de seguimiento, tiene como objetivo proteger la seguridad nacional al prevenir un posible espionaje o control remoto de vehículos por parte de entidades extranjeras. Sin embargo, los críticos argumentan que también protege a los fabricantes nacionales de la competencia de los EV chinos más baratos.
En junio, el Departamento de Comercio de EE. UU. se negó a otorgar a Polestar una exención para continuar vendiendo vehículos en EE. UU. más allá del año modelo 2026. Como resultado, los concesionarios de Polestar deben vender su inventario existente de modelos 2026, incluidos el Polestar 3 fabricado en Estados Unidos y el Polestar 4 de Corea del Sur, y luego pasar a funciones de servicio y soporte en lugar de ventas.
La demanda: Alegaciones de salida intencional
Prestige Imports, que opera tanto un concesionario de Polestar como uno de Volvo, ha presentado una demanda contra Polestar, alegando que el fabricante maniobró intencionalmente para que el gobierno impusiera la prohibición. La demanda alega que Polestar ya planeaba salir del mercado estadounidense y utilizó el entorno regulatorio como pretexto para hacerlo, evadiendo así sus compromisos con los concesionarios. Dos semanas después del anuncio de Polestar del 25 de junio, la compañía envió a Prestige una carta invocando "fuerza mayor", una cláusula contractual que libera a las partes de sus obligaciones debido a eventos extraordinarios fuera de su control.
Prestige Imports cree que las acciones de Polestar no fueron una respuesta genuina a circunstancias imprevistas, sino un movimiento calculado para abandonar su red de concesionarios en EE. UU. El concesionario busca $25 millones en daños para compensar la pérdida de su franquicia de Polestar y el negocio asociado.
La posición de Polestar: ¿Un golpe menor?
Si bien la prohibición es un revés significativo para los concesionarios estadounidenses, puede que no perjudique a Polestar en general. En el primer trimestre de 2026, el 94% de las ventas de Polestar se realizaron fuera de los Estados Unidos. La compañía puede centrar su atención en Europa, donde los EV chinos son más populares y las barreras regulatorias son más bajas. Esto sugiere que Polestar podría haber considerado el mercado estadounidense como menos crítico para su estrategia a largo plazo, lo que da cierta credibilidad a las afirmaciones del concesionario.
Además, Volvo, que también es propiedad de Geely y escindió a Polestar, recibió la aprobación del gobierno para continuar vendiendo sus vehículos en EE. UU. Esta discrepancia plantea interrogantes sobre por qué se le negó una exención a Polestar mientras que a Volvo se le concedió. Prestige Imports, que también opera un concesionario de Volvo, ve ambos lados de la ecuación y cree que algo no cuadra.
Implicaciones para la industria automotriz
Esta demanda resalta los desafíos que enfrentan los fabricantes de automóviles de propiedad extranjera que operan en EE. UU. bajo regulaciones de seguridad nacional cada vez más estrictas. La Regla de Vehículos Conectados es parte de una tendencia más amplia de proteger la tecnología y la infraestructura estadounidenses de la interferencia extranjera. Sin embargo, también crea incertidumbre para los concesionarios y fabricantes que han invertido fuertemente en el mercado estadounidense.
El resultado de este caso podría sentar un precedente sobre cómo se resuelven disputas similares. Si el tribunal determina que Polestar manipuló intencionalmente el proceso regulatorio, podría enfrentar sanciones financieras significativas y daños a su reputación. Por el contrario, si el tribunal falla a favor de Polestar, podría reforzar la noción de que las empresas pueden usar cláusulas de fuerza mayor para salir de los mercados cuando ocurren cambios regulatorios.
Conclusión: Un panorama legal y regulatorio complejo
La demanda entre Prestige Imports y Polestar subraya las complejidades de los negocios internacionales en una era de mayores preocupaciones de seguridad nacional. Si bien la Regla de Vehículos Conectados tiene como objetivo proteger a los consumidores estadounidenses, también tiene consecuencias no deseadas para los concesionarios y fabricantes. La batalla legal probablemente arrojará más luz sobre las intenciones de Polestar y las implicaciones más amplias de dichas regulaciones.
A medida que se desarrolle el caso, será interesante ver cómo los tribunales interpretan la fuerza mayor en el contexto de las prohibiciones regulatorias y si se demuestra la supuesta maniobra de Polestar. Por ahora, el futuro de Polestar en EE. UU. sigue siendo incierto, y sus concesionarios se quedan lidiando con las consecuencias.
Este artículo se basa en un informe de Jalopnik. Lea el artículo original.
Originally published on jalopnik.com





