The Solar System may be less thoroughly checked than people assume

Durante décadas, la búsqueda de inteligencia extraterrestre se ha centrado principalmente en señales: transmisiones de radio, destellos ópticos y otras pistas de que una civilización lejana podría estar intentando, intencionalmente o no, revelar su existencia. Un nuevo estudio retoma una posibilidad más concreta. ¿Y si algunas pruebas no estuvieran lejos, sino físicamente presentes en algún lugar del Sistema Solar?

En un artículo reciente publicado en las actas del Proceedings of the IAU Centenary Symposium, el astrónomo T. Joseph W. Lazio sostiene que la humanidad está lejos de poder falsar la idea de que uno o más tecnoseñales extraterrestres físicas podrían estar presentes hoy en el Sistema Solar. La afirmación no es que se sepa que existan sondas alienígenas. Es que nuestra capacidad para descartarlas sigue siendo débil.

Why the idea is less far-fetched than it sounds

La lógica comienza con nuestro propio comportamiento. La humanidad ya ha lanzado cinco naves robóticas en trayectorias de escape fuera del Sistema Solar: Pioneer 10, Pioneer 11, Voyager 1, Voyager 2 y New Horizons. Ninguna llegará a otro sistema planetario como exploradora operativa, pero demuestran el principio de que una civilización tecnológica puede enviar artefactos al espacio interestelar.

Si una civilización puede hacer eso, pregunta el estudio, ¿por qué asumir que ninguna otra lo ha hecho nunca? Esa pregunta no prueba nada por sí sola, pero convierte a los artefactos físicos en un objetivo legítimo de escrutinio científico y no en mera especulación de ciencia ficción.

Four ways an artifact might exist

Lazio organiza el tema mediante un marco que clasifica las posibles tecnoseñales por ubicación y por si son activas o pasivas. Eso da lugar a cuatro categorías amplias: sondas pasivas que se mueven por el Sistema Solar, sondas activas que siguen operando en el espacio, artefactos de superficie pasivos e inertes sobre una luna o planeta, y artefactos de superficie activos que continúan funcionando sobre un cuerpo planetario o asteroide.

La fortaleza de ese marco es que convierte una idea vaga en algo que, en principio, puede probarse. Distintos tipos de artefactos requerirían distintas estrategias de detección. Una sonda muerta que deriva por el Sistema Solar plantea un problema de búsqueda. Una máquina en funcionamiento sobre la superficie de un planeta plantea otro.

The real limit is detection capability

La conclusión central del artículo es contundente: con la tecnología actual, la humanidad ni siquiera se acerca a descartar todas esas posibilidades. En algunos casos, podríamos tener una posibilidad razonable de detectar una sonda interestelar muerta si pasara por el espacio de una manera que la hiciera observable. Aun así, la dificultad es distinguir un objeto artificial de uno natural.

El estudio señala la tendencia recurrente a tratar a los visitantes inusuales como posibles naves alienígenas. Objetos interestelares como 3I/ATLAS atraen rápidamente especulación. Pero el problema no es solo el entusiasmo. Es la ambigüedad. Sin herramientas mucho mejores de detección y caracterización, un objeto con un movimiento o apariencia extraños puede ser difícil de clasificar con confianza.

El ejemplo de 2020 SO ilustra el punto. El objeto llamó la atención por seguir una órbita extraña, pero finalmente fue identificado como de origen humano y no extraterrestre. Casos así muestran tanto por qué la gente saca conclusiones precipitadas como por qué la identificación cuidadosa es tan difícil.

What the paper contributes

El estudio no ofrece evidencia de tecnología alienígena en el Sistema Solar. Su aporte es metodológico y epistémico. Sostiene que la hipótesis sigue siendo falsable en principio, pero que los sistemas de observación actuales están muy lejos de ser lo bastante completos para falsarla en la práctica.

Esa es una distinción útil en un campo a menudo dividido entre la sobreconfianza y el sensacionalismo. El artículo no afirma un descubrimiento ni descarta la pregunta como algo poco serio. En cambio, plantea qué nivel de esfuerzo de búsqueda sería necesario para que la humanidad pudiera decir con responsabilidad que ha buscado lo suficiente como para descartar la idea.

Ahora mismo, la respuesta parece ser: ni remotamente lo suficiente. Para una especie que solo recientemente empezó a enviar sus propios artefactos al espacio profundo, esa quizá sea la conclusión más sobria de todas.

Este artículo se basa en la cobertura de Universe Today. Leer el artículo original.

Originally published on universetoday.com