La protección planetaria podría tener un problema fúngico
Una nueva investigación destacada por Universe Today sugiere que algunos hongos podrían ser invasores interplanetarios más resistentes de lo que las agencias espaciales habían supuesto. El trabajo, liderado por Atul M. Chander del Jet Propulsion Laboratory de la NASA y coautores, sostiene que los protocolos de protección planetaria se han centrado demasiado en las bacterias y han subestimado el riesgo de contaminación que suponen los hongos presentes en las salas limpias.
La preocupación empieza con el propósito de las salas limpias. Las prácticas actuales de esterilización, incluida la reducción microbiana por calor seco y los estrictos procedimientos de manipulación, se han diseñado para eliminar cepas bacterianas resistentes como Bacillus. La suposición de fondo era simple: si el sistema puede eliminar las bacterias más resistentes, probablemente pueda eliminar todo lo demás. El nuevo estudio cuestiona esa suposición al señalar a los hongos como una amenaza biológica distinta.
Según el informe, los investigadores cultivaron 23 cepas fúngicas distintas procedentes de salas limpias de la NASA. Luego probaron esporas fúngicas, conocidas como conidios, en condiciones pensadas para simular tanto el viaje a Marte como aspectos del entorno superficial marciano. Esas pruebas incluyeron exposición a radiación, atmósfera de baja presión, regolito marciano sintético y el mismo protocolo de esterilización que se usa habitualmente en el hardware de las misiones.
El resultado más destacado fue el de Aspergillus calidoustus. El estudio afirma que esta cepa sobrevivió 1,440 minutos, es decir, 24 horas, de radiación solar marciana continua y siguió siendo viable bajo presión atmosférica marciana y exposición al regolito. El informe señala una limitación importante: el regolito sintético no incluía percloratos, considerados uno de los componentes más letales del suelo marciano. Aun así, el resultado de supervivencia es suficiente para aumentar la preocupación.
Si ese hallazgo resiste un escrutinio adicional, tiene consecuencias prácticas para la preparación de las misiones. Las agencias espaciales gastan mucho en salas limpias y control de contaminación en parte para proteger la integridad científica y en parte para evitar sembrar otros mundos con vida terrestre. Una vía de supervivencia fúngica complicaría ambos objetivos. Significaría que las salvaguardas microbianas actuales podrían estar incompletas incluso cuando funcionan como se diseñaron contra objetivos bacterianos.
La implicación más amplia es que el control de la contaminación quizá deba volverse más inclusivo desde el punto de vista biológico. La protección planetaria a menudo se ha tratado como si los “microbios” fueran una categoría relativamente unificada. Este estudio apunta en otra dirección: las bacterias y los hongos pueden requerir suposiciones distintas, prioridades de prueba distintas y posiblemente estrategias de esterilización distintas.
Eso no significa que las misiones a Marte estén fuera de control de repente. Sí significa que la cuestión de la contaminación puede ser más compleja de lo que las agencias esperaban. Si hongos de salas limpias terrestres pueden sobrevivir a combinaciones de radiación, presión, exposición al regolito y rutinas de esterilización existentes, entonces la línea entre hardware limpio y hardware con riesgo biológico quizá deba redefinirse antes de que la próxima ola de exploración planetaria salga de la Tierra.
Este artículo se basa en la cobertura de Universe Today. Leer el artículo original.




