Una posible respuesta a un misterio de larga data sobre la Vía Láctea

La Vía Láctea puede haber experimentado una reorientación dramática en su pasado remoto, con su disco volteándose más de 90 grados después de una gran colisión. Esa es la afirmación central de un nuevo trabajo presentado por astrónomos de la Universidad de Durham, quienes usaron simulaciones supercomputacionales para investigar por qué el halo estelar que rodea a nuestra galaxia gira tan lentamente.

La idea es llamativa porque a menudo se imagina a la Vía Láctea como un sistema espiral estable cuya estructura amplia ha permanecido fija a lo largo del tiempo cósmico. La nueva investigación sostiene que la historia de la galaxia pudo haber sido mucho más dinámica. Si los hallazgos se confirman, vincularían una característica desconcertante observada en las mediciones modernas con un evento violento durante la formación temprana de la Vía Láctea, cuando las fusiones con galaxias más pequeñas ayudaron a construir el sistema que vemos hoy.

El estudio fue presentado en la Reunión Nacional de Astronomía de la Royal Astronomical Society en Birmingham. En lugar de depender solo de una historia reconstruida de nuestra galaxia, el equipo examinó un conjunto más amplio de sistemas simulados similares a la Vía Láctea para identificar patrones que pudieran explicar el comportamiento del halo de la Vía Láctea.

La pista está más allá del disco espiral

La mayoría de las estrellas de la Vía Láctea se concentran en el familiar disco espiral plano, donde también reside el Sol. Pero la galaxia está rodeada por un halo estelar mucho más grande y difuso. Este halo está poblado en gran medida por estrellas que originalmente no se formaron en el cuerpo principal de la Vía Láctea. En cambio, muchas nacieron en galaxias más pequeñas y luego fueron incorporadas al sistema mediante fusiones.

Eso convierte al halo en una especie de registro fósil de la ensambladura galáctica. A diferencia del brillante disco, dominado por una estructura y un movimiento continuos moldeados por la configuración gravitatoria actual de la galaxia, el halo preserva evidencia de perturbaciones anteriores. Observaciones recientes de la misión Gaia de la Agencia Espacial Europea mostraron que el halo estelar de la Vía Láctea gira muy lentamente. Los astrónomos lo sabían, pero la razón seguía sin estar clara.

El equipo de Durham se propuso comprobar si esa rotación lenta podía ser la firma de un tipo específico de evento pasado. Analizaron las historias de 25 galaxias similares a la Vía Láctea en la serie de simulaciones cosmológicas Auriga, siguiendo cómo evolucionaron esos sistemas a lo largo de miles de millones de años.

Gimnasia cósmica: cómo la Vía Láctea sufrió una vez un giro dramático
Impresión artística de la fusión entre la galaxia Gaia-Enceladus y nuestra Vía Láctea, que tuvo lugar durante las primeras etapas de formación de nuestra galaxia, hace 10 mil millones de años. Las posiciones y movimientos de las estrellas en Gaia-Enceladus (representadas con flechas amarillas) en esta fase temprana de la fusión se basan en una simulación por computadora que modela un encuentro similar al revelado por Gaia. Crédito: ESA (impresión artística y composición); Koppelman, Villalobos y Helmi (simulación); NASA/ESA/Hubble (imagen de la galaxia) / CC BY-SA 3.0 IGO

Surge un patrón en las simulaciones

Según los investigadores, las galaxias con los halos estelares de rotación más lenta tendían a compartir dos rasgos. Primero, habían sufrido una gran fusión frontal con otra galaxia. Segundo, habían experimentado lo que los investigadores llaman un vuelco del disco, es decir, la orientación del disco galáctico cambió más de 90 grados con el tiempo.

Esa combinación es importante. Una gran fusión puede redistribuir estrellas, alterar el momento angular y perturbar la estructura preexistente. Pero el trabajo sugiere que los sistemas más reveladores son aquellos en los que la colisión no solo fue grande, sino lo bastante transformadora como para cambiar la orientación del disco. En ese escenario, las estrellas capturadas en el halo a partir de interacciones e ingresos anteriores terminarían moviéndose de una manera que ya no se alinea claramente con el disco final. El resultado podría ser un halo con una rotación general mucho más débil.

La investigación, por tanto, ofrece una posible explicación para el halo actual de la Vía Láctea: la galaxia pudo haber sufrido un encuentro directo y trascendental durante su formación temprana, y luego asentarse en una nueva orientación mientras conservaba un halo marcado por la perturbación.

Vincular la teoría con Gaia-Enceladus

El material de origen sitúa esta idea en el contexto más amplio de la fusión Gaia-Enceladus, un evento importante que ya se cree que ocurrió hace unos 10 mil millones de años durante las primeras etapas de formación de la Vía Láctea. Esa fusión se ha convertido en uno de los capítulos más conocidos de la historia de cómo creció la Vía Láctea, porque los datos de Gaia revelaron una gran población de estrellas cuyos movimientos apuntan a una antigua galaxia absorbida.

La nueva interpretación no se limita a repetir que la Vía Láctea se fusionó con otra galaxia. Más bien, plantea la posibilidad de que esa fusión haya hecho algo más que añadir estrellas al halo y engrosar la estructura de la galaxia. Puede que haya cambiado la orientación de todo el disco. Esa es una afirmación mucho más dramática, y una que reconfiguraría la forma en que el público imagina la evolución de la Vía Láctea.

Si es correcta, la investigación mostraría que una galaxia puede conservar evidencia de una reordenación interna extrema durante miles de millones de años, no en una sola cicatriz visible obvia, sino en el sutil movimiento colectivo de estrellas muy alejadas del brillante disco central.

Gimnasia cósmica: cómo nuestra Vía Láctea sufrió una vez un giro dramático
Halo 18 es un ejemplo de una galaxia que sufrió una colisión frontal (véase el panel en z=1.2) y un vuelco del disco (puede verse comparando la orientación del disco en z=1.4 y z=0). Esta imagen muestra cómo evolucionan estas dos galaxias ejemplares con el tiempo: cada panel corresponde a un momento distinto definido por el corrimiento al rojo (z). El corrimiento al rojo es una magnitud que usan los astrónomos para medir el tiempo en el universo, donde z=0 corresponde a la actualidad y valores mayores de z corresponden a tiempos anteriores. Cada z tiene dos paneles asociados que muestran cómo se ve la galaxia en dos planos (como los planos xy y xz en el espacio 3D). Crédito: Proyecto Auriga

Por qué esto importa más allá de nuestra propia galaxia

El estudio no trata solo de la Vía Láctea. También apunta a un método más amplio para leer historias galácticas. Si los halos estelares de rotación lenta son indicadores fiables de fusiones frontales pasadas y vuelcos del disco, los astrónomos podrían usar el movimiento del halo como herramienta diagnóstica para otras galaxias espirales. En lugar de tratar los halos solo como periferias difusas, podrían convertirse en uno de los componentes más reveladores para reconstruir cómo se ensamblaron las galaxias y con qué severidad fueron remodeladas en el proceso.

Eso sería especialmente valioso porque la evidencia directa de fusiones antiguas puede desvanecerse o volverse difícil de interpretar a escalas de tiempo cósmicas. Un disco puede parecer ordenado en la actualidad y aun así llevar una historia violenta en sus poblaciones estelares exteriores. El nuevo trabajo sostiene que esas poblaciones conservan firmas medibles del trastorno.

También hay un beneficio conceptual. Las descripciones populares de las galaxias suelen enfatizar estructuras elegantes y duraderas: espirales hermosas, rotaciones estables, patrones orbitales predecibles. Pero la formación galáctica es, en realidad, un proceso de acumulación, perturbación y negociación gravitatoria repetida. La Vía Láctea puede parecer tranquila desde nuestro punto de vista dentro de ella, pero su forma actual podría ser el resultado de una profunda reorientación cósmica.

Un resultado temprano con una implicación provocadora

Los hallazgos siguen en la etapa de presentación en conferencia en el material de origen, por lo que deben leerse como un resultado científico en desarrollo y no como la última palabra. Aun así, la explicación propuesta es notable porque vincula directamente un misterio observable del presente con una vía evolutiva comprobable vista en simulaciones de alta resolución.

Eso hace que el estudio sea más que una narración especulativa. Es una hipótesis fundamentada en una comparación entre múltiples galaxias simuladas que se asemejan a la Vía Láctea en términos generales. El trabajo futuro determinará cuán firme es ese patrón y qué tan bien encaja con toda la gama de restricciones observacionales de Gaia y otras encuestas.

Por ahora, la investigación ofrece una posibilidad vívida: la Vía Láctea no solo creció tragándose galaxias más pequeñas. Al menos una vez, puede haber recibido un golpe tan fuerte que la orientación de su disco se volteó, dejando atrás un halo estelar cuya lenta rotación todavía registra hoy las secuelas.

Este artículo se basa en reportes de Phys.org. Leer el artículo original.

Originally published on phys.org