Por qué la gravedad sigue siendo la fuerza más difícil de precisar

Los físicos han pasado siglos intentando medir la constante gravitatoria, conocida como la gran G, y aún no han alcanzado un acuerdo estable. Eso resulta llamativo porque G es uno de los números más fundamentales de la física. Sin embargo, a diferencia de las mediciones ligadas al electromagnetismo o a sistemas cuánticos, los experimentos orientados a la gravedad han producido repetidamente valores que no encajan claramente entre sí. Un nuevo resultado destacado por New Scientist no resuelve la disputa de forma definitiva, pero puede representar uno de los intentos más sólidos hasta ahora de mostrar cómo podría finalmente acotarse.

La dificultad empieza con la propia gravedad. Es muchísimo más débil que las demás fuerzas fundamentales, lo que hace que sus efectos entre objetos de laboratorio sean extremadamente pequeños. Al mismo tiempo, la gravedad no puede blindarse como sí pueden aislarse o reducirse otras influencias. Eso obliga a los experimentadores a detectar señales diminutas en condiciones en las que la fuerza de fondo de la Tierra está siempre presente y cualquier fuente de error pasada por alto puede alterar el valor final.

Un regreso moderno a un instrumento clásico

El nuevo trabajo, dirigido por Stephan Schlamminger en el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos, se apoya en el método de balanza de torsión empleado por primera vez por Henry Cavendish en 1798. En el concepto básico, pequeñas masas se suspenden de modo que la débil atracción gravitatoria de objetos cercanos produce un giro mínimo. Al medir ese giro con extremo cuidado, los investigadores pueden inferir la intensidad de la gravedad entre las masas. El principio es antiguo. El reto es hacer que cada parte del montaje sea estable, esté calibrada y se comprenda lo bastante bien como para que la incertidumbre no eclipse el resultado.

En el experimento más reciente, el aparato era mucho más sofisticado que su antecesor histórico. Según el texto fuente, el equipo utilizó ocho pesos colocados sobre dos plataformas giratorias calibradas con precisión y suspendió el sistema con cintas de un grosor parecido al de un cabello humano. El trabajo también fue una reproducción minuciosa de un experimento realizado por primera vez en Francia en 2007. En lugar de apresurarse a publicar un único número, los investigadores pasaron una década midiendo y reduciendo cada posible fuente de incertidumbre.