La Cuestión de la Universalidad en la Música
¿Es la preferencia humana por sonidos armoniosos un invento cultural o una predisposición biológica? Esta pregunta ha estado en la intersección de la teoría musical, la biología evolutiva y la ciencia cognitiva durante más de un siglo. Un nuevo estudio publicado en Science proporciona las evidencias más exhaustivas hasta ahora para una respuesta biológica: los humanos comparten preferencias acústicas centrales con un rango sorprendentemente amplio de otros animales, sugiriendo que la sensibilidad a la estructura armónica es anterior a la cultura y puede estar profundamente arraigada en el sistema auditivo de los vertebrados.
La investigación comparó datos de preferencias acústicas de humanos de diversas tradiciones musicales con datos de comportamiento de aves, ranas, peces y otros animales. La convergencia de preferencias entre especies filogenéticamente distantes es un argumento poderoso contra la construcción puramente cultural de la estética musical.
Lo Que el Estudio Midió
El estudio probó preferencias a lo largo de varias dimensiones acústicas: consonancia versus disonancia (sonidos que se sienten estables versus chocantes), tonos armónicos versus inarmónicos, y las relaciones de intervalos específicas entre tonos que los músicos han catalogado durante milenios. En todas estas dimensiones, la investigación encontró patrones consistentes de preferencia compartida entre humanos y otros animales — preferencias por intervalos consonantes, por sonidos con estructuras armónicas regulares, y en contra de combinaciones acústicas que generan batidos o aspereza.
Los investigadores controlaron cuidadosamente la familiaridad. Muchos estudios previos fueron criticados porque los sujetos humanos habían sido acondicionados culturalmente para preferir combinaciones de sonidos particulares mediante la exposición a la música occidental. Al incluir participantes de culturas con tradiciones musicales muy diferentes y usar estímulos novedosos cuidadosamente diseñados, el equipo pudo aislar mejor las contribuciones biológicas de las culturales a la preferencia acústica.
La Base Auditiva de la Respuesta Estética
Las preferencias compartidas probablemente reflejan propiedades fundamentales del sistema auditivo de los vertebrados. Cuando dos tonos cuyas frecuencias están en razones de enteros simples — como la relación 2:1 de una octava o la razón 3:2 de una quinta perfecta — se suenan juntos, sus formas de onda interactúan de formas regulares y predecibles que el sistema auditivo procesa relativamente fácilmente. Los intervalos con razones de frecuencia complejas generan patrones de interferencia más complejos, incluyendo fluctuaciones rápidas de amplitud llamadas batidos, que el sistema auditivo parece encontrar aversivas en todas las especies.
Esto no significa que la armonía esté completamente determinada por la física. La investigación transcultural sobre música ha encontrado variación significativa en qué intervalos específicos se usan, cómo se combinan y qué asociaciones emocionales tienen. La biología puede establecer restricciones amplias — un rango de sonidos que son universalmente preferidos y universalmente aversivos — mientras que la cultura da forma al territorio rico en medio.
Implicaciones Evolutivas
El hallazgo plantea preguntas evolutivas fascinantes. ¿Por qué preservaría la selección natural preferencias acústicas en un rango tan amplio de especies? Los investigadores proponen que la sensibilidad a la estructura armónica puede haber evolucionado porque proporciona información útil sobre las fuentes de sonido. Los sonidos con estructura armónica regular tienen más probabilidad de originarse en organismos biológicos que se comunican, mientras que los sonidos inarmónicos y ruidosos tienen más probabilidad de provenir de fuentes inanimadas. Las preferencias por sonidos armónicos podrían ser así un subproducto de la sensibilidad evolucionada a información acústica biológicamente relevante.
Para la teoría musical y la musicología, la investigación sugiere que las preferencias arquitectónicas subyacentes a los sistemas musicales entre culturas no son arbitrarias — están restringidas por una biología que es anterior a la música misma. La diversidad extraordinaria de las tradiciones musicales humanas puede estar construida sobre una base acústica compartida que compartimos con los pájaros fuera de nuestras ventanas.
Este artículo se basa en reportes de Science (AAAS). Lee el artículo original.
Originally published on science.org


