La aphantasia está pasando de la descripción a la intervención

Durante años, la aphantasia se discutió principalmente como una diferencia llamativa en la experiencia interna: algunas personas pueden evocar imágenes mentales vívidas, mientras que otras informan poca o ninguna imaginería visual. Ahora, New Scientist describe un desarrollo más reciente. Las personas con aphantasia no solo comparan experiencias y lenguaje en línea; algunas están probando activamente programas de entrenamiento diseñados para mejorar su imaginería mental.

Ese cambio importa porque modifica la pregunta científica. En lugar de preguntar solo qué es la aphantasia, investigadores y comunidades autoorganizadas también se preguntan si puede modificarse. Si la imaginería puede entrenarse, aunque sea parcialmente, entonces la aphantasia puede parecer menos un rasgo fijo y más un espectro con cierto grado de plasticidad.

Las comunidades están empujando el frente de la investigación

Uno de los elementos más interesantes del reportaje de New Scientist es que gran parte de esta experimentación ocurre fuera de la academia formal. Grupos en línea como Cure Aphantasia se han convertido en lugares donde la gente compara métodos, comenta avances y trata el problema como algo sobre lo que se puede trabajar, en lugar de simplemente aceptarlo como dado. Eso no significa que todas las afirmaciones que surgen de esos espacios estén validadas. Sí significa que la curiosidad pública está generando hipótesis más rápido de lo que suele hacerlo la vía de investigación tradicional.

El artículo señala que la aphantasia solo fue nombrada científicamente en 2010 por el neurólogo Adam Zeman y sus colegas. Esa novedad relativa ayuda a explicar por qué la investigación orientada a la intervención sigue en una fase temprana. Antes de que los científicos puedan determinar si el entrenamiento funciona, tienen que definir qué cuenta como mejora, cómo puede medirse de forma fiable la imaginería y si los cambios informados reflejan verdadera visualización o un mejor uso de estrategias no visuales.

Por qué la pregunta es tan importante

Si la aphantasia resulta ser entrenable, las implicaciones irían más allá de la comunidad directamente afectada. New Scientist señala que esto desafiaría la idea de que la baja imaginería es necesariamente una diferencia innata y permanente. También plantearía una segunda pregunta con mayor alcance: si las personas con imaginería muy baja pueden mejorarla, ¿podrían las personas con imaginería ordinaria alterar o fortalecer también su propio ojo mental?

Esa posibilidad toca debates centrales de la ciencia cognitiva. La imaginería mental se sitúa en la intersección de la percepción, la memoria, la atención y el lenguaje. Una imaginación modificable sugeriría que al menos algunos de estos sistemas pueden ajustarse mediante la práctica. Una en gran medida inmodificable apuntaría en la dirección opuesta, hacia diferencias individuales más profundas en cómo se representa internamente el pensamiento.

La dificultad de medir la experiencia interna

El desafío, por supuesto, es que la imaginería mental es difícil de observar directamente. New Scientist lo muestra con un ejemplo sencillo: cuando se pide a distintas personas que imaginen una manzana o un ave potoo, reportan experiencias internas radicalmente diferentes. Algunas ven una imagen clara. Otras obtienen un contorno vago. Algunas no ven nada en absoluto. Como nadie puede inspeccionar directamente la imaginería interna de otra persona, el informe subjetivo se vuelve esencial y problemático al mismo tiempo.

Esa dificultad de medición es una de las razones por las que los programas de entrenamiento siguen siendo científicamente provocadores. Una persona puede sentir que su imaginería ha mejorado, pero los investigadores todavía necesitan distinguir entre una experiencia visual más rica, una descripción verbal más sólida, una mejor memoria de los detalles visuales y una mayor confianza en la introspección. Esas distinciones son sutiles, pero determinan si el campo está observando un cambio visual real o una adaptación cognitiva adyacente.

Qué representa hoy el entrenamiento

En esta etapa, la contribución más importante del entrenamiento para la aphantasia puede ser conceptual más que terapéutica. Obliga a los investigadores a tratar la imaginería mental como algo que podría variar no solo entre personas, sino dentro de una misma persona a lo largo del tiempo. Esa posibilidad tiene consecuencias para la neurociencia, la psicología e incluso la educación, donde a menudo se da por sentada la visualización.

New Scientist tiene cuidado de presentar la aphantasia como una diferencia, no como un trastorno. Ese es un límite útil. El objetivo de esta investigación no debería ser patologizar a las personas que piensan de manera distinta. En cambio, el valor está en entender si la imaginería mental es un rasgo cognitivo estable, una habilidad entrenable o alguna combinación de ambos.

Por ahora, la respuesta sigue abierta. Pero la dirección es clara: las personas con aphantasia ya no son solo sujetos en una taxonomía científica. Son participantes activos en probar los límites del ojo mental y, al hacerlo, están empujando a los neurocientíficos hacia una comprensión más dinámica de cómo puede formarse el pensamiento.

Este artículo está basado en un reportaje de New Scientist. Lee el artículo original.

Originally published on newscientist.com