El rover de Marte de la NASA está a punto de batir el récord de distancia

En algún momento de la próxima semana, se espera que el rover Perseverance de la NASA supere los 45,16 kilómetros, o 28,06 millas, recorridos en Marte y se convierta en el vehículo que más lejos ha viajado en otro mundo. El hito lo colocaría por delante de Opportunity, el veterano rover que dejó de comunicarse con la NASA en 2018 tras una trayectoria que ayudó a definir la exploración moderna de Marte.

La distancia pura importa, pero la historia más importante es cómo Perseverance llegó allí tan rápido. El rover aterrizó en Marte en febrero de 2021, lo que significa que se acerca al récord en aproximadamente un tercio del tiempo que tardó Opportunity. La diferencia clave no es la velocidad en el sentido cotidiano. Perseverance sigue siendo una máquina lenta según los estándares terrestres. La mejora decisiva es la autonomía.

Según Steven Lee, gerente del proyecto Perseverance de la NASA, el sistema de auto navegación del rover ha sido la tecnología habilitadora. Usando cámaras y software a bordo, Perseverance puede captar imágenes del terreno a su alrededor, procesarlas localmente y calcular una ruta segura mientras sigue avanzando. Esa capacidad ha transformado la conducción del rover de un ejercicio de detenerse y pensar en algo más parecido a un movimiento continuo.

Un rover que puede pensar mientras sus ruedas giran

Los sistemas de conducción autónoma en la Tierra suelen depender de carreteras claramente señalizadas, mapas muy detallados y normas de tráfico. Marte no ofrece ninguna de esas comodidades. En cambio, el rover tiene que lidiar con rocas, pendientes arenosas, tracción incierta y un paisaje en el que cada ruta es, en efecto, fuera de carretera. Eso hace que la movilidad autónoma sea a la vez más difícil y más importante.

La ventaja de Perseverance proviene de una configuración de computación a bordo más capaz llamada Vision Compute Element. Lee la contrastó con la arquitectura informática más antigua de Curiosity, el rover que se lanzó nueve años antes y que sigue activo en Marte hoy. Curiosity tenía algoritmos relacionados de imagen y navegación, pero su hardware era mucho menos capaz. Parte de su conjunto de chips databa de la década de 1990, lo que limitaba cuánto podía conducir de forma autónoma en la práctica.

El resultado es una división operativa drástica. Solo alrededor del 10% de la conducción de Curiosity ha sido autónoma porque su procesamiento es demasiado lento para soportar una planificación de rutas en tiempo real de gran alcance. Perseverance, en cambio, ha recorrido alrededor del 90% de su distancia de forma autónoma. Eso no lo hace rápido en un sentido humano. Su velocidad máxima de rueda es de solo unos 150 metros por hora. Lo que sí lo hace es eficiente. El rover ya no tiene que pasar tanto tiempo deteniéndose para evaluar el terreno antes de volver a moverse.

Esa diferencia es fácil de pasar por alto si uno se fija solo en la velocidad máxima. En Marte, el progreso promedio importa más que la velocidad punta. Un rover que puede moverse de forma constante y segura durante largos tramos puede cubrir mucha más distancia en meses y años que uno que se detiene con frecuencia para tomar decisiones de navegación. El inminente récord de Perseverance es, por tanto, tanto un logro de software como de mecánica.

Por qué la movilidad cambia la ciencia

La distancia en Marte no es una métrica de vanidad. Cada kilómetro adicional amplía el rango de objetivos científicos a los que un rover puede llegar y la historia geológica que puede reconstruir. Perseverance aterrizó en el cráter Jezero, un lugar elegido porque conserva indicios de un antiguo sistema de delta fluvial. La misión del rover incluye estudiar esas rocas, recolectar muestras y ayudar a los científicos a entender si la región alguna vez ofreció condiciones adecuadas para la vida microbiana.

Esa misión se beneficia directamente de una mejor conducción autónoma. La ciencia en Marte está limitada por el tiempo, la energía, el terreno y las ventanas de comunicación con la Tierra. Si una mayor parte del presupuesto operativo de un rover se consume en un desplazamiento cauteloso, queda menos disponible para llegar a afloramientos, subir pendientes y colocar instrumentos donde resulten más útiles. Al permitir que el rover se encargue por sí mismo de más parte de la navegación, la autonomía aumenta el radio práctico de exploración.

El hito también ilustra una verdad más amplia sobre la exploración planetaria: la computación ya forma parte del sistema de movilidad. Las ruedas, la suspensión y los motores siguen importando, pero ya no determinan el rendimiento por sí solos. La capacidad de detectar el terreno, interpretar riesgos y tomar decisiones de ruta localmente se ha vuelto igualmente central. En ese sentido, el récord de Perseverance no trata solo de un rover superando a sus predecesores. Trata de un cambio en cómo se diseñan los exploradores robóticos.

Ese cambio podría dar forma a futuras misiones mucho más allá de Marte. A medida que los destinos se vuelven más distantes o más complejos desde el punto de vista operativo, el retraso de comunicación entre la Tierra y la nave espacial se convierte en un argumento aún más fuerte a favor de la toma de decisiones a bordo. Un robot que puede navegar, priorizar y adaptarse sin esperar instrucciones humanas continuas puede aprovechar mucho mejor el escaso tiempo de misión.

De rover marciano a banco de pruebas de autonomía de campo

El éxito de Perseverance también destaca un aspecto de la autonomía que importa en la Tierra: el valor de los sistemas que funcionan en entornos no estructurados. Los coches autónomos en ciudades son una clase de problema. Las máquinas autónomas en minas, granjas, zonas de desastre, corredores logísticos militares o superficies planetarias son otra. En esos entornos puede no haber líneas de carril, mapas pulidos ni un flujo de tráfico predecible. La máquina tiene que interpretar un entorno irregular y seguir avanzando con seguridad.

Marte es la prueba de estrés definitiva para ese tipo de ingeniería. No hay asistencia en carretera, no hay reparaciones rápidas y no hay margen para asumir riesgos imprudentes. Cada desplazamiento combina cautela con la necesidad de avanzar científicamente. Ese equilibrio ayuda a explicar por qué el trabajo de NASA en navegación autónoma atrae atención mucho más allá del sector espacial. Es una demostración concentrada de cómo se ve la robótica práctica cuando la fiabilidad importa más que el espectáculo.

La larga carrera de Opportunity seguirá siendo uno de los grandes logros de la robótica de exploración, y Curiosity continúa produciendo ciencia. Pero el inminente récord de Perseverance señala una nueva etapa. El rover no solo dura mucho tiempo; opera con un nivel de movilidad autodirigida que cambia de forma material el ritmo de la misión.

Si supera el total de Opportunity en los próximos días, como se espera, el titular será un nuevo récord en otro mundo. La enseñanza más profunda es que NASA ha demostrado cómo un robot puede seguir avanzando cuando se confía en que vea, decida y conduzca por sí mismo. En Marte, esa capacidad ya no es experimental. Ahora es la razón por la que se está reescribiendo el libro de récords.

Este artículo está basado en una cobertura de Ars Technica. Leer el artículo original.

Originally published on arstechnica.com