Una gran apuesta por la cuántica se topa con un desafío inmediato

La nueva iniciativa de inversión de 2.000 millones de dólares del gobierno de Estados Unidos en empresas de computación cuántica ya enfrenta una reacción legal y política. Ars Technica informa que la representante Zoe Lofgren, miembro de mayor rango del Comité de Ciencia, Espacio y Tecnología de la Cámara, sostiene que los acuerdos son ilegales porque el Congreso no asignó fondos de la CHIPS and Science Act para este uso.

El plan distribuiría inversiones de 100 millones de dólares entre una serie de startups a cambio de participaciones accionarias, una estructura que podría ser decisiva para empresas que aún están a años de contar con productos ampliamente comerciales. También ayudaría a poner en marcha una nueva empresa, Anderon, con 1.000 millones de dólares de IBM y del gobierno, heredando personal y propiedad intelectual de IBM y operando como fundición de unidades de procesamiento cuántico.

Cuál es la objeción

La crítica de Lofgren no se presenta como una oposición a la tecnología cuántica en sí. Más bien, argumenta que el uso específico del dinero entra en conflicto con la forma en que el Congreso lo autorizó. Según el informe, los fondos de la CHIPS and Science Act en cuestión estaban asignados a investigación y desarrollo en microelectrónica, con foco en la tecnología de semiconductores, y a asociaciones público-privadas de investigación, en lugar de inversiones directas de tipo participación accionaria como estas.

Esta distinción importa porque convierte un anuncio llamativo de política industrial en una disputa sobre la separación de poderes. Si el poder ejecutivo está forzando el lenguaje legal más allá de lo que el Congreso pretendía, la controversia podría afectar no solo estos acuerdos, sino también futuros intentos de desplegar financiación tecnológica de maneras igualmente agresivas.

La cuestión IBM

Una de las razones por las que la disputa se intensifica es la escala y la estructura del acuerdo con Anderon. La mayor parte del dinero iría a una empresa que, aparentemente, no existiría sin apoyo gubernamental y que se alimentaría con activos y personal de IBM. Lofgren también expresó preocupación por la participación de Dario Gil, ahora subsecretario de Ciencia en el Departamento de Energía y anteriormente ejecutivo de IBM, en negociaciones relacionadas con el acuerdo.

Eso no prueba irregularidades, pero sí aumenta la sensibilidad política. La inversión pública en tecnología de frontera ya es controvertida. Una inversión pública que beneficie en gran medida a una firma vinculada al antiguo empleador de un alto funcionario probablemente atraerá una atención aún más intensa.

Por qué la administración quiere hacer esto

La lógica subyacente del impulso cuántico es fácil de entender. La computación cuántica sigue siendo estratégicamente importante, técnicamente difícil y comercialmente inmadura. Las necesidades de capital son altas, los plazos son largos y muchas startups podrían ser candidatas decisivas para el apoyo gubernamental. Una estrategia de inversión directa podría ayudar a preservar la capacidad nacional y darle a Estados Unidos un punto de apoyo más sólido en un campo visto como crítico para la competitividad científica y nacional futura.

Pero la importancia estratégica no resuelve la autoridad legal. Ese es el núcleo de la disputa. La posición de Lofgren, tal como la describe Ars, es que si la cuántica merece este tipo de respaldo, el Congreso debería autorizarlo y financiarlo explícitamente, en lugar de recurrir a una reasignación creativa de una ley existente.

Qué pasa después

El resultado inmediato dependerá de si la administración puede defender su interpretación de la ley y de si la presión del Congreso provoca supervisión, litigio o un retroceso. Incluso si las inversiones siguen adelante, el episodio ya ha expuesto cuán frágil puede volverse la política industrial cuando la legislación, la implementación y la imagen política no están alineadas.

La historia más amplia no trata solo sobre la computación cuántica. Trata sobre cómo el gobierno de Estados Unidos elige financiar la tecnología emergente en una era de competencia estratégica. Washington claramente quiere moverse más rápido. La pregunta ahora es si lo ha hecho sobre una base legal sólida.

Este artículo se basa en la cobertura de Ars Technica. Leer el artículo original.

Originally published on arstechnica.com