Un alto ritmo operativo está forzando una pregunta más amplia sobre la preparación
Estados Unidos habría lanzado al menos 850 misiles de crucero Tomahawk en poco más de un mes de Operation Epic Fury, la guerra conjunta entre EE. UU. e Israel contra Irán, según una entrevista de Defense News basada en un análisis del Center for Strategic and International Studies. Esa cifra es inusualmente alta según los estándares de conflictos anteriores y ha vuelto a llamar la atención sobre la rapidez con que un inventario de ataque de precisión puede consumirse en una campaña importante.
La conclusión inmediata de los expertos no es que Estados Unidos esté a punto de quedarse sin ellos. CSIS estima que EE. UU. aún tiene alrededor de 3.000 Tomahawk. Pero la preocupación más importante, como argumenta Mark Cancian en la entrevista, es lo que el uso sostenido en un teatro significa para las obligaciones en otros, particularmente en el Indo-Pacífico.
Por qué importa el Tomahawk
El Tomahawk es un misil de ataque terrestre lanzado desde buques que combina largo alcance, precisión y flexibilidad operativa. Cancian describe su alcance como de aproximadamente 1.000 millas, dependiendo de la versión, y señala que la versión actual es la Block V. Al lanzarse desde buques en el mar, el misil permite a Estados Unidos golpear sin depender de bases aéreas cercanas ni empujar de inmediato a los aviones hacia espacio aéreo defendido.
Eso importa en la fase inicial de un conflicto, cuando las defensas aéreas enemigas siguen activas y las opciones para aeronaves tripuladas pueden ser más limitadas. Según la entrevista, esa es בדיוק la razón por la que los Tomahawk se usaron intensamente en las primeras etapas de Epic Fury. Su largo alcance permitió a las fuerzas estadounidenses operar fuera de los paraguas defensivos iraníes mientras degradaban esos sistemas.
Una vez mejoró la superioridad aérea, la tasa de uso de Tomahawk cayó. No se detuvo, pero disminuyó porque estas armas son escasas y caras. La entrevista contrasta un Tomahawk, que cuesta unos 3,5 millones de dólares, con un kit de guiado JDAM que puede convertir una bomba convencional en un arma de precisión por mucho menos, alrededor de 80.000 dólares. Si los aviones pueden acercarse lo suficiente con seguridad para emplear municiones más baratas, los comandantes tienen un fuerte incentivo para hacerlo.
El verdadero problema no es este mes, sino la próxima contingencia
Por tanto, la ansiedad estratégica es acumulativa. Incluso si los inventarios actuales siguen siendo suficientes para la campaña en curso, usar cientos de misiles de crucero de largo alcance en un corto periodo inevitablemente afecta lo que queda disponible para otra crisis. Ese es el punto que impulsa la preocupación dentro del Pentágono descrita en la pieza.
El Indo-Pacífico cobra especial importancia en esa discusión. Un enfrentamiento con China daría prioridad a sistemas de ataque de largo alcance, supervivientes y precisos. Si una guerra agota grandes partes de esos stocks, el costo de oportunidad no es abstracto. Cambia los supuestos de planificación para la disuasión y el combate en otros lugares.
Este es un problema familiar de la defensa moderna: las armas de precisión son tácticamente poderosas, pero pueden gastarse más rápido de lo que la capacidad industrial en tiempos de paz puede reponerlas cómodamente. En una campaña corta y brusca, eso puede ser manejable. En un conflicto prolongado o en crisis superpuestas, se convierte en una vulnerabilidad estructural.
Lo que dicen y no dicen las cifras
La entrevista proporcionada no afirma que Estados Unidos haya llegado a un punto de quiebre. El inventario estimado de 3.000 misiles sugiere que sigue habiendo una profundidad considerable. Pero la comparación entre 850 lanzados y 3.000 restantes sí pone el ritmo en perspectiva. En poco más de un mes, la campaña ha consumido una porción significativa de un stock premium de ataque de largo alcance.
Eso basta para plantear preguntas más amplias sobre producción, priorización y postura de fuerzas. Un inventario de misiles no es solo un recuento de lo que puede dispararse hoy. También es una señal de lo que puede sostenerse mañana, de cuán rápido pueden reponerse las pérdidas y de si un teatro está tomando prestado silenciosamente de otro.
El Tomahawk ha sido valorado durante mucho tiempo porque ofrece exactamente el alcance y la flexibilidad que los comandantes quieren en las fases iniciales de un conflicto de alta intensidad. La trampa es que el éxito puede impulsar la demanda. Cuanto más útil demuestra ser el misil en la guerra, más visible se vuelve el costo de una oferta limitada.
Este artículo se basa en la cobertura de Defense News. Leer el artículo original.
Originally published on defensenews.com
