El éxito de Ucrania es una lección, no un plan

La Marina de EE. UU. está estudiando con gran interés el uso de drones marítimos por parte de Ucrania, pero los altos mandos también están dejando algo claro: lo que funcionó en el mar Negro no se trasladará directamente al Pacífico. En la conferencia Sea-Air-Space de la Navy League, el contraalmirante Doug Sasse describió el hundimiento por parte de Ucrania de gran parte de la Flota rusa del mar Negro como un ejemplo líder de la nueva guerra robótica en tierra, mar y aire. Al mismo tiempo, sostuvo que Estados Unidos no puede simplemente copiar ese modelo en otros teatros.

La razón tiene tanto que ver con la geografía como con la tecnología. Ucrania ha usado drones marítimos en un cuerpo de agua restringido, con distancias de ataque relativamente cortas y condiciones del terreno que pueden ayudar a ocultar la actividad de lanzamiento. Eso es muy distinto del Pacífico, donde los vehículos no tripulados tendrían que recorrer distancias inmensas mientras podrían quedar expuestos a la observación durante casi todo el trayecto.

Esta distinción importa porque corrige una lectura simplista de la innovación militar. El éxito en un teatro no produce automáticamente una doctrina para otro. Los sistemas, las tácticas y las estructuras de mando deben ajustarse al entorno operativo.

El Pacífico no es el mar Negro

La comparación de Sasse es inusualmente directa. En el mar Negro, dijo, un ejército puede lanzar un dron rápidamente y no tiene que enviarlo muy lejos para alcanzar su objetivo. En el Pacífico, no hay árboles detrás de los que ocultarse. Una embarcación no tripulada puede pasar gran parte de su aproximación visible en la superficie del océano, quizá bajo observación durante todo el tránsito.

Eso cambia el problema operativo de forma fundamental. Los vehículos de superficie no tripulados de largo alcance en el Pacífico deben lidiar con vigilancia, resistencia, comunicaciones y supervivencia de formas que son menos centrales en un espacio marítimo más restringido. Una táctica diseñada para ataques relativamente cercanos y asimétricos no necesariamente escala a un océano vasto donde la detección y la exposición se convierten en variables estratégicas.

Esa es una de las razones por las que el mando y control siguen siendo centrales. El argumento principal del artículo es que, incluso si para 2030 el Pacífico se llena de miles de pequeños barcos no tripulados y de innumerables drones aéreos, las decisiones de mando seguirán siendo un asunto humano. La Marina quiere más robots, pero no ve la autonomía como sustituto del juicio operativo.