El impulso del Pentágono por los drones pequeños pasa de la competencia a la entrega

El Pentágono ha comenzado a recibir pequeños drones de ataque de un solo uso dentro de su esfuerzo más amplio de “Drone Dominance”, lo que marca una transición importante de la retórica sobre la base industrial a un flujo real de adquisiciones. Según el texto fuente proporcionado por Breaking Defense, el Departamento de Defensa ha pedido 20.000 drones pequeños de vista en primera persona, o estilo FPV, a 10 de los 11 principales proveedores que surgieron de su competición Gauntlet 1.

Eso ya es una cantidad significativa por sí sola, pero el significado más amplio está en el momento y la intención. El esfuerzo está vinculado a un plan para equipar a cada escuadra con estas armas antes de que termine el año fiscal 2026, lo que refleja hasta qué punto los drones baratos y desechables han cambiado las expectativas del campo de batalla. El ejército estadounidense intenta ahora convertir las lecciones de Ucrania en un programa de compras permanente, en lugar de una adaptación improvisada.

La historia también ofrece una instantánea útil de dónde se encuentra el programa. Aunque se han pedido 20.000 drones, siguen siendo 10.000 menos que la cifra de pedidos prevista anteriormente. En otras palabras, el proyecto avanza, pero todavía no a la escala que sugerían las expectativas iniciales.

La aceptación, no solo el envío, es ahora la métrica clave

Breaking Defense informa de que Neros, fabricante del pequeño cuadricóptero Archer, va a la cabeza en las entregas. La empresa ha enviado al ejército los 2.400 drones pedidos, y 1.040 de ellos ya han sido aceptados. Los demás proveedores han enviado en conjunto otros 560 drones, aunque todos seguían pendientes de aceptación en el momento de la publicación.

La distinción importa porque la adquisición en defensa no se mide solo por la producción de fábrica. El envío muestra progreso industrial; la aceptación muestra que el gobierno realmente recibe y valida los sistemas. En un programa diseñado para acelerar la puesta en servicio, la brecha entre las unidades producidas y las formalmente aceptadas puede convertirse en un cuello de botella real.

La categoría FPV ha ganado urgencia por su papel en el campo de batalla. El texto fuente señala que los drones baratos de un solo uso han dejado vehículos de combate de ambos bandos de la guerra entre Rusia y Ucrania ardiendo en el campo de batalla. Esos resultados han empujado a los ejércitos a tratar los drones de ataque de bajo coste menos como herramientas de nicho y más como equipamiento básico.

La directiva del secretario de Defensa Pete Hegseth del verano pasado para “desatar” la base industrial de drones enmarcó el problema con claridad. En el memorando citado por la fuente, sostuvo que la burocracia había impedido que las unidades estadounidenses obtuvieran los drones pequeños letales que exige el campo de batalla moderno. La aceptación actual de los sistemas entregados se presenta, por tanto, no como un evento rutinario de adquisición, sino como prueba de que el departamento intenta moverse más rápido que su ritmo habitual.

Una apuesta de 1.000 millones de dólares por escala y velocidad

El plan más amplio del Pentágono es gastar aproximadamente 1.000 millones de dólares en compras de drones durante un periodo de dos años. Esa inversión muestra que el departamento no está tratando los drones pequeños como compras accesorias desechables. Intenta crear una demanda sostenida que pueda respaldar a proveedores nacionales, aumentar la capacidad de fabricación y normalizar la iteración rápida.

La competición Gauntlet es central para ese modelo. En la ronda inicial participaron 25 empresas, generando un grupo clasificado del que surgieron los 11 principales proveedores. Diez de ellos ya han recibido pedidos, mientras que la empresa en tercer lugar, Napatree, aún no había obtenido un contrato en el momento del informe.

Por separado, el Departamento de Defensa también seleccionó a cinco empresas en un reto de letalidad: Bravo Ordnance, Kela Defense, Kraken Kinetics, Mountain Horse y Northrop Grumman. Esas compañías podrían proporcionar cargas útiles para drones Grupo 1, definidos en el texto fuente como sistemas de 20 libras o menos. Eso importa porque la eficacia de los drones FPV depende no solo de las plataformas aéreas, sino también de la integración de la ojiva, la fiabilidad de la misión y la facilidad de uso a nivel de unidad.

La siguiente fase ya se está preparando

El programa no se detiene con el primer grupo de proveedores. El departamento está planeando un segundo evento Gauntlet centrado en drones más adecuados para ataques de largo alcance y asaltos tácticos en operaciones de proximidad. Según la historia, 49 empresas han sido invitadas a llevar 79 drones únicos a un evento clasificatorio en Camp Grayling, Michigan.

Esa siguiente etapa sugiere que el Pentágono quiere una canalización continua, no una competición puntual. En lugar de fijarse durante años en un conjunto estrecho de sistemas, parece estar construyendo un proceso recurrente que pueda incorporar nuevos proveedores y adaptarse a requisitos cambiantes. Es un enfoque sensato en un ámbito donde los ciclos de producto son cortos y el aprendizaje en el campo de batalla avanza rápido.

También plantea preguntas difíciles. ¿Puede el departamento mantener la velocidad cuando las cantidades aumenten aún más? ¿Obtendrán las unidades sistemas lo bastante estandarizados como para entrenar con eficacia sin dejar de beneficiarse de la competencia y la iteración? ¿Y pueden las normas de adquisición seguir siendo flexibles sin sacrificar la seguridad, las pruebas y la rendición de cuentas?

Por qué importa ahora

La importancia del hito de entrega no es que el Pentágono haya resuelto el problema de los drones pequeños. No lo ha hecho. Lo importante es que el departamento empieza a poner cifras reales detrás de un cambio estratégico del que lleva hablando meses. Los pedidos reales, las unidades enviadas, los sistemas aceptados y las próximas competiciones son mucho más significativos que las afirmaciones generales sobre innovación.

Si el programa sigue avanzando, el ejército estadounidense podría terminar con un ecosistema de proveedores mucho mayor y una base de suministro más distribuida para drones de ataque de bajo coste. Si se estanca, el impulso de Drone Dominance corre el riesgo de convertirse en otro ejemplo de acuerdo conceptual rápido seguido de una ejecución institucional lenta. Por ahora, la aceptación de los primeros drones entregados es una señal concreta de que el Pentágono al menos intenta cerrar esa brecha.

Este artículo se basa en la información de Breaking Defense. Leer el artículo original.

Originally published on breakingdefense.com