El Pentágono intenta reajustar su poder de negociación

El Departamento de Defensa de EE. UU. ha lanzado una nueva unidad de contratación llamada “Deal Team Six”, un pequeño grupo de negociadores del sector privado destinado a reformar la forma en que el Pentágono cierra acuerdos con las empresas de defensa. La iniciativa, descrita por el secretario de Defensa Pete Hegseth como una respuesta a una “burocracia del Pentágono rota”, busca reducir retrasos, sobrecostes y lo que él calificó como ventajas de larga data de los contratistas en la adquisición de defensa.

Según el informe proporcionado, el equipo forma parte de la Economic Defense Unit del Pentágono y comenzó a organizarse a principios de abril, después de haber sido delineado por primera vez en un memorando de noviembre de 2025. Hegseth lo ha vinculado a un esfuerzo más amplio para reemplazar el tradicional Defense Acquisition System por lo que él llama un “Warfighting Acquisition System”, parte de una agenda de “arsenal de libertad” orientada a plazos más rápidos y mayor producción.

Qué se supone que debe hacer el nuevo modelo

La propuesta central es simple: el Pentágono quiere que los fabricantes de defensa paguen una mayor parte de la factura inicial de expansión, nuevas fábricas, líneas de montaje y capacidad industrial relacionada, mientras el gobierno ofrece a la industria algo que le interesa, a saber, contratos más grandes y más largos con pedidos previsibles.

En la versión expuesta en las declaraciones públicas de Hegseth, las empresas que ya hayan demostrado sus sistemas serían recompensadas con una demanda sostenida a largo plazo. A cambio, asumirían una mayor carga de capital necesaria para aumentar la producción. El objetivo declarado del departamento es entregar más equipos más rápido, mantener los precios más estables y reducir el patrón de apoyo federal que va dos veces, una vez a la construcción de fábricas y otra al producto final.

Esa formulación es agresiva por diseño. Hegseth dijo que se había permitido a los contratistas “cobrar dos veces”, facturando a los contribuyentes la expansión de la producción y luego los sistemas finales, mientras los programas llegaban tarde y por encima del presupuesto. Aunque esa afirmación sea debatible en todo el sistema de adquisiciones, la retórica deja claro que la administración quiere trasladar el poder de negociación fuera de los canales establecidos y hacia un grupo más pequeño y más orientado al mercado.

Cuánto dinero hay detrás

La iniciativa no es solo retórica. La fuente indica que la unidad se incluyó en la Ley de Autorización de Defensa Nacional del año fiscal 2026 y recibió más de 266 millones de dólares para investigación, desarrollo, pruebas y evaluación. El presupuesto de defensa propuesto por el presidente Donald Trump para el año fiscal 2027, que totaliza 1,5 billones de dólares según el informe, elevaría la asignación de la unidad a más de 593 millones de dólares en la misma categoría de financiación.

Esas cifras sugieren que el Pentágono considera a la Economic Defense Unit y a su brazo negociador como algo más que un experimento pasajero. También indican que la reforma de la adquisición de defensa se trata como una prioridad operativa, no como un ejercicio de administración interna.

Por qué importa el movimiento

La base industrial de defensa de EE. UU. ha lidiado en los últimos años precisamente con los problemas que esta unidad pretende abordar: capacidad limitada de aumento rápido, plazos largos, reinicios costosos y una desalineación entre la urgencia de guerra y los hábitos de contratación en tiempos de paz. Al intentar garantizar la demanda y al mismo tiempo obligar a la industria a asumir más riesgo de inversión, el Pentágono apuesta por crear incentivos de producción más sólidos sin emitir cheques ilimitados.

Esa estrategia conlleva compensaciones. Los contratos más grandes y más largos pueden dar confianza a los fabricantes para expandirse, pero también pueden consolidar a los actores establecidos si la competencia se reduce. Presionar a los contratistas para que financien la capacidad por sí mismos puede reducir la exposición federal inmediata, aunque algunos proveedores podrían responder subiendo precios en otros lugares o negándose a participar si los márgenes son demasiado ajustados.

También hay una cuestión de gobernanza. Hegseth dice que el departamento ha “expulsado a los burócratas” que manejaban estos acuerdos antes y los ha reemplazado con negociadores de alto nivel procedentes del sector privado. Eso puede acelerar las decisiones, pero también desplaza la influencia hacia una estructura menos convencional dentro de una de las instituciones de gasto más grandes del gobierno. Cómo se seleccionen, supervisen y evalúen esos negociadores importará tanto como los propios acuerdos.

Una prueba de política industrial bajo presión de defensa

“Deal Team Six” es, en última instancia, una herramienta de política industrial disfrazada de reforma de adquisiciones. Intenta hacer que el capital privado cargue con más trabajo mientras el gobierno usa garantías de demanda para moldear la producción. Si funciona, el Pentágono podría obtener una producción de armas más rápida, con menos sobrecostes y una base manufacturera más sólida. Si fracasa, puede que solo reaproveche viejas tensiones de adquisición en una forma más confrontativa.

De una forma u otra, el mensaje a las empresas de defensa es inequívoco: el Pentágono pretende negociar con más dureza, exigir más capacidad y castigar los retrasos con mayor transparencia que antes.

Este artículo se basa en la cobertura de Defense News. Leer el artículo original.

Originally published on defensenews.com