El exjefe de Defensa dice que Ucrania necesita un reinicio estratégico

Una rara advertencia pública de un alto funcionario recientemente destituido ha abierto un debate más agudo sobre cómo Ucrania está librando su guerra con Rusia. En declaraciones informadas el 25 de agosto de 2026, el exministro de Defensa Mykhailo Fedorov dijo que Ucrania parece estar perdiendo lentamente el conflicto y que solo dispone de unos meses para tomar decisiones clave si quiere cambiar la trayectoria.

La importancia de la declaración no reside solo en su pesimismo, sino en quién la pronunció. Fedorov había ocupado uno de los cargos de defensa más importantes del país antes de ser destituido tras seis meses en el puesto. Según el informe, su salida desencadenó semanas de protestas, y su crítica ahora se aparta de forma notable del mensaje público oficial de Kiev.

El argumento central de Fedorov es que Ucrania aún tiene un camino hacia la victoria, pero no sin un plan coherente. Dijo que el país carece de una visión general sobre cómo ganar la guerra y sigue limitado por una innovación débil, redes de clientelismo arraigadas, corrupción e instituciones que no cuentan con suficiente independencia política. En conjunto, esos problemas suponen una crítica a la gobernanza y a la ejecución más que una simple queja sobre las condiciones del campo de batalla.

Esa distinción importa. Las guerras suelen discutirse en términos de territorio, bajas y entregas de armas, pero los comentarios de Fedorov apuntan a un problema más profundo de capacidad estatal: cuán rápido puede un país adaptarse, establecer prioridades, adquirir e integrar nuevas tecnologías en una estrategia funcional. Su advertencia sugiere que, en su opinión, el desafío de Ucrania no es solo la presión militar externa de Rusia, sino también la fricción interna que ralentiza la respuesta.

Deficiencias en la defensa antimisiles y un frente que se desgasta

El panorama del campo de batalla descrito en el informe ayuda a explicar por qué Fedorov está presionando ahora sobre este asunto. Rusia estaría golpeando fábricas y almacenes ucranianos con decenas de misiles balísticos cada mes, mientras que Ucrania es cada vez menos capaz de interceptarlos a medida que disminuyen las reservas de interceptores. Incluso donde Rusia no avanza con rapidez, sigue progresando gradualmente en el Donbás.

Del lado ucraniano, el informe describe posiciones de infantería en primera línea ocupadas en gran medida por reclutas desmotivados. Esa imagen refuerza la sugerencia de Fedorov de que la guerra no puede estabilizarse solo con resistencia. Si la defensa antimisiles se está debilitando, los objetivos industriales siguen expuestos y la calidad del personal en primera línea está bajo presión, el deterioro gradual puede volverse estratégicamente decisivo incluso sin un colapso territorial dramático.

Al mismo tiempo, Ucrania ha intensificado sus propios ataques de largo alcance dentro de Rusia. El informe dice que ataques ucranianos con drones y misiles han alcanzado importantes fábricas militares, han dañado gravemente refinerías de petróleo y han contribuido a la escasez de combustible en todo el país. Eso indica que Ucrania conserva la capacidad de imponer costos y llevar a cabo operaciones significativas de ataque en profundidad, incluso mientras enfrenta una presión creciente en casa.

El resultado es una imagen mixta: la creatividad táctica y operativa sigue siendo visible, pero Fedorov sostiene que no se está articulando en una estrategia más amplia y convincente. Su preocupación es menos que Ucrania carezca de tecnologías o ideas capaces y más que no las haya organizado con suficiente eficacia para moldear el curso de la guerra.

Una agenda de innovación centrada en la autonomía y los sensores

La receta de Fedorov se centra fuertemente en la tecnología. Subrayó la importancia de los drones autónomos guiados por inteligencia artificial, los misiles interceptores de bajo costo para defensa aérea y un programa nacional de misiles balísticos. Según el informe, los fabricantes ucranianos ya están trabajando en esos sistemas, pero dijo que el país necesita una estrategia más integrada para maximizar su efecto una vez desplegados.

Este es uno de los elementos más trascendentes de sus comentarios. Refleja una visión de la guerra moderna en la que la escala y la adaptación pueden importar tanto como la fuerza de las plataformas heredadas. Los interceptores baratos, los sistemas autónomos y la conciencia del campo de batalla vinculada a sensores apuntan todos hacia un modelo más distribuido de poder de combate, diseñado para compensar la escasez de personal o de municiones costosas.

Fedorov también esbozó una visión de la línea de frente cubierta por sensores electrónicos capaces de detectar movimientos enemigos, con drones en el aire y en tierra reduciendo la necesidad de exposición humana directa. En términos prácticos, eso implica una integración más densa de vigilancia, designación de objetivos asistida por máquinas y sistemas no tripulados. Es una visión de combate moldeada por el sensado persistente y la automatización de bajo costo, más que por una defensa de desgaste basada solo en infantería.

Eso no significa que la tecnología se presente como una solución mágica. En el marco del informe, el problema es precisamente que existen tecnologías prometedoras, pero no se están traduciendo en un efecto estratégico suficiente. La crítica de Fedorov, por tanto, se sitúa en la intersección entre innovación de defensa y gestión del Estado: desarrollar sistemas no basta si las instituciones no pueden desplegarlos de manera coherente.

Un desafío político tanto como militar

Las declaraciones de Fedorov también tienen un peso político evidente. La oficina presidencial respondió diciendo que él había sido positivo sobre la conducción de la guerra mientras seguía en el ministerio y que lo único que había cambiado era su estatus personal. Esa respuesta busca presentar su crítica como una postura posterior a la destitución, no como una reevaluación objetiva.

Aun así, el contexto más amplio hace difícil desestimar los comentarios de plano. El informe señala que Fedorov se convirtió recientemente en la primera figura política importante en pedir elecciones en tiempo de guerra y describió al país como enfrentado a una crisis sistémica de gobernanza. Independientemente de que sus remedios preferidos ganen tracción o no, su intervención sugiere que la frustración de las élites se está volviendo más pública y más directamente vinculada a preguntas sobre la eficacia militar.

Una encuesta reciente citada en el informe encontró que el 82% de los ucranianos seguía creyendo que el país ganaría, aunque la mayoría esperaba que los combates continuaran hasta 2027 o más tarde. Esa brecha entre la confianza pública y la alarma de las élites es en sí misma reveladora. Sugiere que la presión sobre los responsables de decisión ucranianos quizá ahora consista menos en mantener la moral que en demostrar que pueden convertir la resiliencia en una estrategia viable para una guerra prolongada.

  • Fedorov dice que Ucrania solo tiene unos meses para tomar decisiones clave que podrían revertir la deriva actual.
  • Identifica la estrategia, la innovación, la corrupción y la debilidad institucional como obstáculos centrales.
  • Sus áreas prioritarias incluyen drones autónomos guiados por IA, interceptores de bajo costo y un programa nacional de misiles balísticos.

El valor inmediato de la advertencia de Fedorov es que replantea el debate. En lugar de preguntar solo si Ucrania puede seguir luchando, plantea si el Estado puede adaptarse con suficiente rapidez para luchar de otra manera. En una guerra cada vez más moldeada por la resiliencia industrial, la capacidad de defensa antimisiles y la velocidad de integración tecnológica, esa puede ser la pregunta más importante.

Este artículo se basa en un informe de Defense News. Leer el artículo original.

Originally published on defensenews.com