La Marina está respaldando con dinero real y un cronograma un programa de buque de guerra nuevo y muy inusual

La Marina de Estados Unidos dice que espera gastar alrededor de 46.000 millones de dólares en los próximos cinco años para diseñar y desarrollar el acorazado de clase Trump, y que la construcción del primer barco está prevista para el año fiscal 2028. El programa, anunciado por primera vez por el presidente Donald Trump en diciembre de 2025, cuenta ahora con su esquema presupuestario y cronograma más claros hasta la fecha.

Según el informe original de Breaking Defense, el servicio está solicitando alrededor de 1.000 millones de dólares en financiación de adquisición anticipada para el año fiscal 2027, además de 837 millones de dólares en investigación y desarrollo para el mismo año. El secretario de la Marina, John Phelan, dijo que el servicio ya está en conversaciones con dos proveedores sobre el diseño, mientras impulsa un cronograma de producción acelerado y aspira a poner la quilla en 2028.

Aun por los estándares navales, la propuesta es extraordinaria. Los acorazados han estado ausentes durante mucho tiempo de la planificación moderna de la flota estadounidense, desplazados por portaaviones, submarinos, destructores y otras plataformas optimizadas para las realidades operativas actuales. La decisión de revivir la categoría bajo un nuevo nombre de clase no solo señala una decisión de adquisiciones, sino una gran apuesta doctrinal e industrial.

Lo que la Marina dice que hará el barco

En el anuncio del buque en diciembre, Trump dijo que la clase contaría con armas hipersónicas, cañones electromagnéticos y armamento láser de alta potencia. El informe original también señala que los líderes de la Marina ven el casco más grande del acorazado como una forma de alojar capacidades que resultaron difíciles de integrar en los planes del destructor de próxima generación del servicio.

El contralmirante Ben Reynolds, subsecretario de la Marina para presupuesto, dijo a los periodistas que el acorazado podría hacer muchas cosas que los destructores lanzamisiles guiados existentes no pueden. En esencia, el argumento es que las restricciones de diseño del destructor de próxima generación empujaron al servicio hacia un casco más grande que puede soportar más potencia, más carga útil y más crecimiento futuro.

Ese razonamiento coincide con un desafío naval más amplio. Las armas avanzadas, como los sistemas de energía dirigida y las capacidades hipersónicas, imponen fuertes exigencias al tamaño del buque, a la generación de energía, a la refrigeración y a la integración. Una plataforma más grande puede, en teoría, absorber esas cargas con más facilidad que un combatiente más pequeño.