Los líderes de la Marina trazan un camino prudente para el BBG(X)

La Marina de Estados Unidos está ofreciendo una imagen más clara de cómo quiere abordar el programa del acorazado de clase Trump, también conocido como BBG(X), y el mensaje de los altos mandos tiene tanto que ver con la disciplina de adquisición como con el poder de combate. En la exposición Sea Air Space 2026 de la Navy League, el jefe de Operaciones Navales, el almirante Daryl Caudle, y el secretario de la Marina, John Phelan, hablaron sobre el programa en desarrollo, que fue presentado formalmente por el presidente Donald Trump en diciembre. El primer barco se prevé que se llame USS Defiant.

El programa se describe como un nuevo gran esfuerzo de combate de superficie de gran tamaño. Según los detalles divulgados hasta ahora, los buques de clase Trump desplazarían unas 35.000 toneladas, lo que los situaría en torno a tres veces el desplazamiento de los más nuevos destructores de la clase Arleigh Burke Flight III. Se espera que los barcos tengan entre 840 y 880 pies de eslora, una manga de entre 105 y 115 pies, y una velocidad máxima superior a 30 nudos.

La cifra principal es el coste. El primer buque podría costar alrededor de 17.000 millones de dólares, según el informe. Esa escala convierte el programa en una apuesta estratégica y presupuestaria, no solo en una iniciativa de construcción naval. La dirección de la Marina está insistiendo en que el diseño debe estar cerrado antes de empezar la construcción, una lección extraída del colapso del esfuerzo por la fragata de clase Constellation el año pasado.

La estabilidad del diseño es ahora la cuestión central

Los comentarios públicos de la Marina muestran que los responsables entienden los riesgos de comenzar a trabajar antes de que el diseño esté maduro. La fragata de clase Constellation se convirtió en un ejemplo de advertencia después de que la inestabilidad del diseño y los cambios repetidos contribuyeran de forma importante a la desaparición del programa. Para el BBG(X), los líderes están señalando que quieren evitar que se repita el mismo patrón.

Esa preocupación importa porque el acorazado propuesto no es una adaptación modesta de una plataforma existente. Su tamaño, su carga prevista de misiles y su perfil de misión lo sitúan en una categoría distinta de la de destructores y cruceros. Se espera que el armamento incluya una mezcla de misiles nucleares y convencionales, incluidos tipos hipersónicos, cargados en grandes sistemas de lanzamiento vertical. Eso convertiría al barco en una plataforma de ataque importante y también en un símbolo visible del poder naval.

El almirante Caudle describió el buque como un elemento necesario de la fuerza y dijo que proporcionaría flexibilidad. Ese planteamiento sugiere que la Marina ve el BBG(X) como una plataforma capaz de contribuir a múltiples conceptos operativos, y no como un sustituto limitado de una clase más antigua. La combinación de armas de largo alcance, gran desplazamiento y alta velocidad apunta a un buque diseñado para presencia, capacidad de ataque y supervivencia a gran escala.

Un cambio de liderazgo añade incertidumbre

La discusión sobre el programa se produjo cuando el Pentágono anunció que el secretario de la Marina, John Phelan, abandonaba la administración con efecto inmediato. El subsecretario Hung Cao pasará a ser secretario en funciones. En el informe proporcionado no se indicó de inmediato el motivo del cambio.

Ese momento introduce incertidumbre en un programa que ya probablemente enfrentará escrutinio. Un buque principal de 17.000 millones de dólares, una nueva etiqueta de acorazado y un diseño que incluye opciones de misiles nucleares y convencionales invitan al debate político, presupuestario y estratégico. El programa tendrá que sobrevivir no solo a la revisión técnica, sino también a las presiones habituales de la supervisión del Congreso y a los cambios en las prioridades de defensa.

Por eso es significativa la insistencia temprana de la Marina en la madurez del diseño. Es un reconocimiento de que el éxito del programa dependerá de si el servicio puede traducir la ambición en un diseño estable y construible antes de que comience el trabajo industrial. Si el diseño sigue siendo fluido, los riesgos de coste y calendario podrían crecer rápidamente.

Por qué importa

El programa del acorazado de clase Trump es importante porque refleja una cuestión más amplia a la que se enfrenta la Marina de Estados Unidos: si los grandes combatientes de superficie todavía ofrecen suficiente valor operativo como para justificar su coste y complejidad. La Marina parece creer que un buque fuertemente armado, de alta velocidad y con grandes sistemas de misiles puede dar a los comandantes nuevas opciones. Pero las mismas características que hacen atractivo al BBG(X) también dificultan su ejecución.

Por ahora, el programa es menos una respuesta cerrada que una prueba de si la Marina puede aplicar las lecciones de los esfuerzos fallidos de construcción naval. El servicio promete un proceso de diseño más sólido y un uso más claro. La siguiente etapa mostrará si esos compromisos pueden mantenerse bajo la presión del coste, la política y las realidades prácticas de construir un buque de guerra de esta escala.

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