El programa de drones embarcados de la Marina ha cruzado un umbral importante
El MQ-25A Stingray de la Marina de Estados Unidos completó el 25 de abril el primer vuelo de prueba de una aeronave representativa de producción, un paso que acerca al servicio a incorporar en su flota su primer avión no tripulado operativo basado en portaaviones. Boeing dijo que la aeronave voló durante unas dos horas desde el aeropuerto MidAmerica en Mascoutah, Illinois, rodando, despegando, volando, aterrizando y respondiendo de forma autónoma a los comandos de una estación de control en tierra.
Ese recorrido importa porque el MQ-25 no es solo otro programa de desarrollo de drones. Está diseñado para ampliar el alcance y la flexibilidad del ala aérea embarcada al asumir la misión de reabastecimiento en vuelo. En términos prácticos, eso significa que los aviones tripulados que de otro modo se usarían como cisternas pueden seguir centrados en funciones de combate y vigilancia, mientras que los cazas de ataque pueden alcanzar objetivos más lejanos con menos presión sobre el resto de la estructura de fuerza.
Por qué importa este vuelo de prueba
El contraalmirante Tony Rossi, que supervisa la cartera de aviación no tripulada y armas de ataque de la Marina, describió la aeronave como el primer paso hacia la integración del reabastecimiento aéreo no tripulado en la cubierta del portaaviones. Esa descripción es notable porque presenta al Stingray menos como una novedad aeronáutica aislada y más como un habilitador para el resto de la aviación naval.
La Marina ya ha demostrado que un avión de prueba previo del MQ-25 podía reabastecer a varias plataformas de primera línea, entre ellas el F/A-18 Super Hornet, el E-2D Hawkeye y el F-35C Lightning II. Por ello, este nuevo vuelo se apoya en una demostración de concepto anterior y empieza a desplazar la atención hacia una versión del sistema más cercana a lo que marineros y aviadores usarían realmente.
Boeing calificó la nueva aeronave como el sistema autónomo más complejo jamás desarrollado para el entorno de portaaviones. Es un listón alto, pero refleja un desafío operativo real. Los portaaviones están entre los lugares más exigentes del mundo para despegar y aterrizar. La cubierta está abarrotada, es dinámica y funciona con una coordinación muy precisa. Añadir aeronaves de reabastecimiento autónomo a ese entorno requiere no solo un desempeño de vuelo fiable, sino también un comportamiento predecible durante el rodaje, el lanzamiento, la recuperación y la integración en cubierta.



