Los elogios a los drones se encuentran con una dura pregunta presupuestaria
La Fuerza Aérea de EE. UU. habla con más franqueza que antes sobre el valor operativo de las aeronaves no tripuladas, pero el Congreso plantea una obvia pregunta de seguimiento: si los drones son tan centrales para la guerra moderna, ¿por qué el dinero sigue fluyendo de forma tan abrumadora hacia los cazas tripulados? Esa tensión quedó a la vista cuando los líderes de la Fuerza Aérea dijeron a los legisladores que el MQ-9 Reaper fue el caballo de batalla, y quizá el “jugador más valioso”, en la Operación Epic Fury.
Según el texto fuente proporcionado, el jefe de Estado Mayor de la Fuerza Aérea, el general Kenneth S. Wilsbach, dijo que ninguna otra plataforma se acercó al MQ-9 en la campaña, destacando ataques que redujeron el riesgo para los pilotos. El secretario de la Fuerza Aérea, Troy Meink, también dijo al Comité de Servicios Armados de la Cámara que las aeronaves no tripuladas desempeñarán un papel cada vez más importante en el futuro “en todos los ámbitos”. Cuando se le preguntó si los sistemas tripulados y no tripulados juntos representan el futuro de la Fuerza Aérea, Meink respondió que sí.
La brecha presupuestaria
El problema, como señalaron rápidamente los legisladores, es que el presupuesto aún no refleja plenamente esa retórica. El representante John Garamendi sostuvo que las prioridades de gasto de la Fuerza Aérea siguen estando mucho más orientadas hacia las plataformas tripuladas, citando sumas mucho mayores para el F-35 y el F-47 que para los Collaborative Combat Aircraft, o CCA. Pidió al servicio que explicara con qué rapidez planea aumentar la adquisición de CCA e integrar las aeronaves en la fuerza más amplia.
El texto fuente señala que la solicitud para el año fiscal 2027 marca la primera financiación para comprar CCA, con 996,5 millones de dólares para adquisición y alrededor de 1.370 millones para investigación y desarrollo. Es un compromiso considerable y la mayor nueva incorporación a la cuenta de adquisición de aeronaves de la Fuerza Aérea, pero sigue siendo mucho menor que la inversión dirigida al F-47 tripulado de sexta generación y a las compras en curso del F-35.
Por qué importa el debate sobre el MQ-9
El sólido desempeño del MQ-9 en Epic Fury agudiza la contradicción porque el sistema no es un concepto de futuro. Es un activo operativo actual que ha demostrado su valor repetidamente. Si las aeronaves no tripuladas pueden ofrecer capacidad de ataque al tiempo que reducen el riesgo para los pilotos, plantean un argumento sólido para destinar más recursos a flotas autónomas o pilotadas de forma remota y escalables.
Pero el texto fuente también señala una limitación importante: la vulnerabilidad. La flota Reaper ha caído a unas 135 aeronaves después de 24 pérdidas en Epic Fury, quedando muy por debajo del umbral histórico de 189 aeronaves de la Fuerza Aérea. Esas pérdidas formaron parte de un balance más amplio de 42 aeronaves estadounidenses perdidas o dañadas en la campaña, según un informe del Congressional Research Service citado en el artículo.
Ese detalle es esencial porque explica por qué el futuro del poder aéreo no tripulado quizá no sea simplemente “más MQ-9”. El Reaper ha demostrado su utilidad, pero también ha mostrado su exposición a las defensas aéreas modernas. La lección para la Fuerza Aérea es, por tanto, más exigente: debe preservar las ventajas de los sistemas no tripulados al tiempo que pone en servicio aeronaves mejor adaptadas a entornos disputados.
La transición a los Collaborative Combat Aircraft
Aquí es donde entran los CCA en la historia. El servicio aspira a desplegar más de 150 de ellos para el final del Future Years Defense Program. En teoría, esas aeronaves podrían ofrecer a la Fuerza Aérea un puente entre las operaciones actuales con aeronaves pilotadas a distancia y una fuerza más distribuida en la que los cazas tripulados vuelen con compañeros autónomos o semiautónomos.
Ese concepto se ha vuelto central en la planificación del poder aéreo de Estados Unidos. Sin embargo, el Congreso tiene razón al centrarse en si las cifras avanzan con la suficiente rapidez. Si la experiencia de combate reciente está diciendo al servicio que los sistemas no tripulados importan cada vez más, entonces los planes de adquisición deben mostrar cómo esos sistemas se convierten en estructura de fuerza real y no en un paso eterno hacia el futuro.
La doctrina converge más rápido que el gasto
La conclusión más importante de la audiencia es que el debate doctrinal en gran medida ya terminó. Los altos mandos de la Fuerza Aérea ahora hablan con claridad sobre la centralidad de los sistemas no tripulados. La lucha que queda es presupuestaria e industrial. ¿Con qué rapidez puede el servicio escalar nuevas plataformas, reemplazar drones heredados vulnerables y construir una fuerza en la que las aeronaves tripuladas y no tripuladas estén realmente integradas en lugar de simplemente emparejadas en el discurso?
Epic Fury dio a la Fuerza Aérea pruebas de que los sistemas no tripulados pueden ser decisivos. También dio al Congreso munición para exigir una mayor coincidencia entre las lecciones del campo de batalla y las decisiones presupuestarias. Ese escrutinio probablemente se intensificará. En la guerra aérea moderna, los drones ya no son activos auxiliares esperando su momento. Ya tuvieron su momento. La pregunta ahora es si la institución está dispuesta a comprar el futuro en el que dice creer.
Este artículo se basa en un reportaje de Defense News. Leer el artículo original.
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