Una herramienta de defensa disputada obtiene aprobación formal
La Administración Federal de Aviación y el Pentágono firmaron un acuerdo que permite al gobierno de Estados Unidos usar un sistema láser antidrones de alta energía a lo largo de la frontera sur con México, un paso notable en el esfuerzo por responder a la persistente actividad de drones en la región.
El nuevo acuerdo sigue a pruebas de la FAA en Nuevo México y a una revisión federal de seguridad que, según las agencias, determinó que el sistema puede operar sin crear un riesgo indebido para los aviones de pasajeros cuando se aplican los controles adecuados. El administrador de la FAA, Bryan Bedford, dijo que la conclusión se alcanzó después de lo que describió como una “evaluación de riesgo de seguridad exhaustiva y basada en datos”.
La aprobación importa porque esta tecnología ya había generado serias preocupaciones de aviación antes de que los reguladores completaran esa revisión.
Incidentes previos obligaron a un mayor escrutinio
El camino hacia la autorización no fue sencillo. Según Defense News, el ejército estadounidense derribó por error un dron gubernamental con el sistema basado en láser el 25 de febrero. Ese incidente llevó a la FAA a ampliar una zona de exclusión aérea alrededor de Fort Hancock, Texas.
Fue la segunda gran interrupción en cuestión de días. El 18 de febrero, la FAA suspendió todos los vuelos durante 10 días en el aeropuerto de El Paso porque una agencia de Seguridad Nacional había usado el sistema láser del Pentágono antes de que la FAA terminara su revisión de seguridad. La orden se levantó unas ocho horas después tras la intervención de la Casa Blanca, pero el episodio intensificó la presión para una evaluación regulatoria formal.
Esos hechos dejaron claro que la cuestión no era solo si el gobierno quería otra herramienta contra los drones, sino si una herramienta así podía usarse en un espacio aéreo que también da servicio a la aviación civil.
El problema de los drones en la frontera es grande y crece
El Pentágono ha dicho que hay más de 1.000 incursiones de drones a lo largo de la frontera entre EE. UU. y México cada mes. Los funcionarios estadounidenses han advertido cada vez más que los drones están siendo utilizados por cárteles mexicanos para vigilar rutas de tráfico y lanzar paquetes de droga. Eso ha trasladado la capacidad antidrones de una preocupación militar de nicho a una prioridad más amplia de seguridad nacional.
El sistema láser ofrece una respuesta distinta a los métodos tradicionales de interceptación. En teoría, puede proporcionar una forma precisa de desactivar o destruir pequeñas amenazas aéreas. En la práctica, el sistema plantea preguntas inusuales porque opera en un espacio aéreo contiguo al civil y porque sus fallos pueden afectar directamente la gestión de la seguridad.
La decisión de la FAA sugiere que el gobierno cree que esos riesgos ahora pueden acotarse. El acuerdo no elimina la controversia en torno a la tecnología, pero da a las agencias federales una base regulatoria para seguir usándola cerca de la frontera.
Persisten dudas más allá de la revisión de seguridad
La garantía del gobierno es limitada: que el sistema no crea un mayor riesgo para el público que vuela cuando se siguen las medidas de protección adecuadas. Eso no es lo mismo que decir que el programa está más allá de la disputa.
La senadora demócrata Tammy Duckworth ya ha pedido a los organismos de control federales que revisen tanto la toma de decisiones que llevó al uso del sistema como el cierre previo del espacio aéreo por parte de la FAA. Su intervención indica que es probable que el tema siga siendo políticamente conflictivo incluso después del nuevo acuerdo.
También hay inquietudes sobre cómo podrían utilizarse estos sistemas en otros lugares. Varios medios informaron avistamientos de drones sobre Fort McNair en Washington el mes pasado, donde viven altos funcionarios, entre ellos el secretario de Estado Marco Rubio y el secretario de Defensa Pete Hegseth. Defense News dijo que no hay indicios de que el Pentágono planee desplegar el láser allí, una salvedad importante dada la proximidad de la base al Aeropuerto Nacional Ronald Reagan de Washington.
Una señal de cómo está cambiando el espacio aéreo interno
La importancia más amplia del acuerdo es que refleja la rapidez con la que las operaciones antidrones están entrando en espacios antes gobernados en su mayoría por normas de aviación tradicionales. Los drones pequeños, baratos y cada vez más comunes han creado presión para respuestas más rápidas, pero esas respuestas deben coexistir con las normas de seguridad de la aviación civil.
El acuerdo FAA-Pentágono es, por tanto, más que un desarrollo de seguridad fronteriza. Es un ejemplo de la arquitectura regulatoria que se está construyendo en torno a los sistemas de energía dirigida dentro de Estados Unidos. El gobierno intenta pasar de la improvisación de emergencia a un marco que pueda sostener un uso repetido sin cerrar el espacio aéreo circundante cada vez que se active la tecnología.
Que ese marco resulte duradero dependerá de las operaciones, la disciplina y la transparencia. Por ahora, el gobierno federal ha dejado clara su postura: considera que el sistema láser es lo suficientemente seguro para desplegarse en condiciones controladas, y pretende usarlo como parte de su respuesta al creciente volumen de drones a lo largo de la frontera sur.
Este artículo se basa en reportajes de Defense News. Leer el artículo original.



