Un Nuevo Capítulo en el Combate Aéreo

La Fuerza Aérea de los Estados Unidos ha completado un ejercicio de vuelo histórico que empareja su caza de superioridad aérea de clase mundial, el F-22 Raptor, con el vehículo aéreo de combate no tripulado MQ-20 Avenger de General Atomics. El ejercicio, que probó conceptos coordinados de trabajo en equipo tripulado-no tripulado, representa un paso significativo hacia la visión de la Fuerza Aérea del combate aéreo futuro donde los drones autónomos vuelan como alas al lado de cazas pilotados.

El ejercicio demostró la capacidad del piloto del F-22 para dirigir los movimientos y operaciones de sensores del MQ-20 mientras mantiene su propia conciencia táctica. Los dos aviones volaron en formación coordinada, con el dron ejecutando tareas dirigidas por el piloto del caza a través de una conexión de enlace de datos.

El Concepto de Aeronave de Combate Colaborativa

El ejercicio de trabajo en equipo tripulado-no tripulado es parte del programa más amplio de Aeronaves de Combate Colaborativas (CCA) de la Fuerza Aérea, que tiene como objetivo desplegar una flota de drones autónomos que puedan operar junto a cazas tripulados. El concepto imagina que cada aeronave pilotada dirige dos o más alas autónomas, expandiendo dramáticamente la cobertura de sensores, capacidad de armas y opciones tácticas disponibles para un solo piloto.

El programa CCA representa uno de los esfuerzos de transformación más ambiciosos en la historia de la Fuerza Aérea. En lugar de simplemente construir cazas tripulados más costosos, el servicio apuesta a que drones autónomos relativamente asequibles pueden multiplicar el poder de combate de su flota existente. Se espera que cada CCA cueste una fracción de un caza tripulado — potencialmente $20 millones o menos en comparación con más de $100 millones para aviones como el F-35.

El MQ-20 Avenger, construido por General Atomics Aeronautical Systems, sirve como una plataforma sustituta para probar conceptos de CCA mientras que alas autónomas de propósito especial aún están en desarrollo. El Avenger es un dron impulsado por jet con una envergadura de 66 pies, capaz de transportar cargas de armas internas y suites de sensores avanzados. Sus características de rendimiento lo hacen un reemplazo adecuado para el tipo de aeronave autónoma que la Fuerza Aérea planea desplegar a finales de esta década.

Lo Que Demostró el Ejercicio

Aunque la Fuerza Aérea ha mantenido muchos detalles del ejercicio clasificados, se reportó que se probaron varias capacidades clave durante los vuelos. Estos incluían navegación coordinada y vuelo en formación, con el MQ-20 manteniendo posición relativa al F-22 a través de varias maniobras. El ejercicio también probó la capacidad del piloto de asignar tareas a los sensores del dron, dirigiéndolo a escanear áreas específicas o rastrear objetivos particulares.

La resiliencia de las comunicaciones fue otra área de enfoque. En un entorno de combate disputado, los adversarios intentarían jamear el enlace de datos entre aeronaves tripuladas y no tripuladas. Se reportó que el ejercicio evaluó qué tan bien funciona el concepto de trabajo en equipo cuando los enlaces de comunicación se degradan, y cuánta autonomía puede ejercer el dron cuando pierde contacto con su controlador humano.

La elección del F-22 como la plataforma tripulada es significativa. El Raptor es el caza de superioridad aérea más capaz de la Fuerza Aérea, diseñado principalmente para combate aire-aire contra adversarios equivalentes. Emparejarlo con un ala autónoma podría extender el rango de sensores del F-22, transportar armas adicionales y servir como un explorador adelantado que puede absorber riesgo que de otro modo recaería en la aeronave tripulada.

  • El ejercicio probó vuelo en formación coordinada, asignación de sensores y resiliencia de comunicaciones
  • El MQ-20 Avenger sirve como un sustituto para alas autónomas de propósito especial aún en desarrollo
  • Se espera que cada dron CCA cueste aproximadamente una quinta parte del precio de un caza tripulado
  • La Fuerza Aérea imagina que cada piloto dirige dos o más alas autónomas en combate

Implicaciones Estratégicas

El concepto de trabajo en equipo tripulado-no tripulado aborda varios desafíos estratégicos que enfrenta la Fuerza Aérea. La flota de cazas tripulados del servicio se ha estado reduciendo durante décadas debido a los costos crecientes de aeronaves y presupuestos planos. La edad promedio de las aeronaves de la Fuerza Aérea es ahora superior a 30 años, y el servicio no puede permitirse reemplazar su flota envejecida sobre una base uno-por-uno con plataformas tripuladas costosas.

Las alas autónomas ofrecen una forma de crecer la estructura de fuerzas sin crecer proporcionalmente el presupuesto. Si la Fuerza Aérea puede desplegar CCAs a $20 millones cada una, podría comprar cinco drones por el precio de un solo F-35, aumentando dramáticamente el número de plataformas disponibles para operaciones de combate.

El concepto también aborda la estrategia potencial de un adversario para contrarrestar el poder aéreo estadounidense. China y Rusia han invertido mucho en sistemas avanzados de defensa aérea diseñados para negar el acceso a las aeronaves estadounidenses. Al enviar drones autónomos por delante de cazas tripulados, la Fuerza Aérea puede sondear y suprimir defensas enemigas mientras mantiene a los pilotos humanos a distancias más seguras.

El Camino Por Delante

El ejercicio F-22 y MQ-20 es uno de muchos experimentos de trabajo en equipo tripulado-no tripulado que la Fuerza Aérea está realizando mientras refina el concepto de CCA. El servicio ha otorgado contratos a múltiples empresas para desarrollar plataformas CCA de propósito especial, con Anduril y General Atomics entre los contratistas principales.

Se espera que las primeras variantes operacionales de CCA alcancen capacidad operacional inicial a finales de esta década, con planes para desplegar eventualmente más de 1.000 alas autónomas en toda la Fuerza Aérea. Lograr ese objetivo requerirá no solo desarrollar sistemas de vuelo autónomo confiables sino también construir la infraestructura de comando y control, capacidades de mantenimiento y programas de capacitación necesarios para integrar drones en operaciones aéreas diarias.

El ejercicio exitoso F-22 y MQ-20 sugiere que los fundamentos tecnológicos para el trabajo en equipo tripulado-no tripulado se están madurando rápidamente. Los desafíos más difíciles pueden residir en los cambios institucionales y culturales requeridos para confiar en sistemas autónomos con roles significativos en el combate aéreo.

Este artículo se basa en reportajes de C4ISRNET. Lee el artículo original.