Austria empieza a replantearse el servicio militar tras la transformación del panorama de seguridad en Europa por la guerra en Ucrania

El gobierno de coalición de Austria afirma que quiere ampliar el servicio militar obligatorio de seis a nueve meses, lo que marca una de las señales más claras hasta ahora de que incluso los países europeos de larga tradición neutral están revisando viejos supuestos de defensa tras la guerra de Rusia contra Ucrania.

La propuesta, anunciada por los líderes del gobierno tras una reunión del gabinete, prolongaría el servicio militar básico para los varones austríacos, que suelen ser llamados alrededor de su 18.º cumpleaños. También añadiría una estructura de reservistas más sólida, con ejercicios de seguimiento dentro de los 10 años posteriores al servicio inicial. Los funcionarios acompañaron el plan con incentivos destinados a hacer el servicio más atractivo, incluidos días de vacaciones y un aumento de casi el doble del salario mensual hasta 1.000 euros.

El mensaje desde Viena es que la postura tradicional de defensa del país ya no se ajusta al entorno que lo rodea. Austria ha pasado décadas apoyándose en unas fuerzas armadas que a menudo funcionaban más como institución de apoyo civil que como un ejército preparado para un ataque externo de gran envergadura. Con frecuencia, los soldados han asistido a los servicios de emergencia durante inundaciones e incendios forestales, y han apoyado operaciones de patrullaje fronterizo destinadas a interceptar la inmigración ilegal. Ese modelo está ahora bajo presión.

El canciller Christian Stocker dijo que las condiciones de seguridad a las que se enfrenta Austria han cambiado de forma fundamental en los últimos años y, en especial, en los últimos meses y semanas. En su planteamiento, la idea de una paz duradera en Europa terminó como muy tarde con la invasión rusa de Ucrania. Junto a los líderes de los demás partidos de gobierno en un cuartel militar a las afueras de Salzburgo, también señaló nuevas formas de presión, entre ellas los ataques híbridos y la guerra cibernética, como razones por las que Austria debe ampliar su propia capacidad de autosuficiencia y protección civil.

El anuncio refleja un patrón más amplio en Europa. Países de todo el continente están reevaluando su preparación, sus reservas, sus sistemas de movilización y su capacidad de reserva. Austria no es miembro de la OTAN, pero su mera geografía hace difícil ignorar el cambio. El país está rodeado por ocho vecinos, y todos salvo Suiza y Liechtenstein pertenecen a la alianza. Austria limita con Alemania y la República Checa al norte, con Italia y Eslovenia al sur, y con Eslovaquia y Hungría al este. En términos prácticos, se encuentra dentro de una región en la que la planificación militar, los debates sobre disuasión y la resiliencia de las infraestructuras están subiendo en las agendas nacionales.

Una fuerza pensada para emergencias ahora debe prepararse para escenarios más duros

El argumento del gobierno no se limita a la posibilidad de una guerra convencional. Los funcionarios mencionaron de forma explícita las amenazas híbridas y la guerra cibernética, ambas ya partes estándar de la planificación de seguridad europea. Esos riesgos presionan a los Estados para que dispongan no solo de personal en activo, sino también de una reserva creíble que pueda ser convocada una vez finalizado el servicio inicial.

Ahí es donde el componente de reservistas del plan cobra especial importancia. Un periodo inicial de servicio más largo da al ejército más tiempo para entrenar a los reclutas. Exigir ejercicios de seguimiento durante una década sugiere que Austria quiere una fuerza que siga siendo útil más allá de un breve periodo de instrucción. Es un intento de convertir el servicio obligatorio en una vía nacional más prolongada de preparación, en lugar de un mero rito de paso.

El trasfondo es incómodo para los responsables políticos austríacos. Desde hace años, las autoridades han dicho que el ejército del país tendría dificultades para defender la patria ante un ataque externo serio. La última propuesta equivale a reconocer que la actualización del equipamiento por sí sola no basta. La estructura de personal, la duración del entrenamiento y las obligaciones de reserva importan tanto como la adquisición de material cuando los gobiernos intentan reconstruir la disuasión y la resiliencia.

El sistema de conscripción de Austria ya incluye una vía alternativa. En lugar del servicio militar, los jóvenes varones elegibles pueden optar por un servicio civil de nueve meses, normalmente en organizaciones como servicios de ambulancia o residencias de mayores. El gobierno dijo que planea permitir ampliar ese servicio civil dos meses de forma voluntaria. Ese detalle importa tanto en lo político como en lo operativo: cualquier intento de endurecer las normas del servicio nacional puede desencadenar un debate sobre la equidad entre las obligaciones militares y civiles.

La política podría resultar tan difícil como la propia propuesta

Por ahora, la propuesta no es ley. La coalición necesita una legislación respaldada por una mayoría de dos tercios en el Parlamento para que los cambios entren en vigor. Eso significa que necesitará apoyo fuera del gobierno, ya sea de Los Verdes o del partido de extrema derecha FPÖ. Según el informe, esas conversaciones aún no han comenzado.

Esa barrera parlamentaria marcará la verdadera prueba que queda por delante. Extender el servicio suena sencillo en un titular, pero plantea preguntas prácticas y políticas: con qué rapidez puede absorber el ejército ciclos de entrenamiento más largos, cuánto costará el paquete salarial ampliado, cómo responderán empleadores y familias, y si los partidos de la oposición exigirán reformas más amplias a cambio de sus votos.

El gobierno intenta adelantarse a una línea de crítica mejorando la compensación. Elevar el salario mensual a 1.000 euros y ofrecer días de vacaciones adicionales sugiere que los ministros entienden que el servicio obligatorio es más difícil de defender si parece anticuado, mal pagado o desconectado de la realidad laboral moderna. Los beneficios previstos son menos un extra que el reconocimiento de que un plazo de servicio más largo conlleva una mayor fricción económica y social.

Con todo, el argumento central de Viena es estratégico más que simbólico. La neutralidad, según el gobierno, no elimina la necesidad de capacidades nacionales más fuertes. Si acaso, puede agudizar la necesidad de ser más autosuficiente. Esa lógica ayuda a explicar por qué Austria no está proponiendo solo un pequeño ajuste administrativo, sino un paquete que combina más tiempo de servicio, obligaciones de reserva y mayor salario.

Que el plan se apruebe dependerá de la construcción de mayorías en el Parlamento. Pero el anuncio en sí ya es notable. Muestra hasta qué punto la guerra en Ucrania ha alterado la planificación de defensa más allá de la primera línea de la OTAN y más allá de los Estados normalmente asociados con la política de poder duro. Austria está señalando que la vieja división entre fuerzas de apoyo interno en tiempo de paz y preparación militar en tiempo de guerra ya no es suficiente.

Si la legislación prospera, Austria avanzará hacia un modelo que exige más a sus ciudadanos en nombre de la seguridad al tiempo que intenta construir una fuerza de reserva más duradera. Si se estanca, el debate habrá dejado claro un punto: en Europa central, incluso los países con largas tradiciones de neutralidad ya no tratan la preparación militar como un asunto secundario.

Este artículo se basa en información de Defense News. Leer el artículo original.

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