Una señal presupuestaria importante sobre defensa aérea en el campo de batalla
El Ejército de Estados Unidos quiere gastar 994 millones de dólares en capacidades pequeñas contra sistemas aéreos no tripulados en el año fiscal 2027, según detalles presupuestarios informados por Breaking Defense. Si el Congreso aprueba la solicitud, la financiación para adquisiciones de esta partida aumentaría con fuerza desde los 596 millones aprobados para el año fiscal 2026.
El aumento no es solo una cifra mayor dentro de un enorme presupuesto de defensa. Es una señal clara de dónde ve el Ejército uno de sus problemas operativos más inmediatos: defender a las fuerzas y las instalaciones contra drones pequeños, baratos y cada vez más extendidos. La solicitud forma parte de la propuesta más amplia del Departamento de Defensa para el año fiscal 2027 y se financiaría بالكامل con gasto discrecional.
La comparación con el año fiscal 2026 es importante. El total aprobado el año pasado incluía tanto fondos discrecionales como obligatorios. El monto propuesto para 2027 sería mayor en total y se financiaría de manera diferente, lo que indica que el Ejército quiere tratar esta capacidad como una prioridad de adquisición más consolidada y duradera, en lugar de un suplemento temporal.
Una arquitectura de sistemas de sistemas
El Ejército no plantea el problema como uno que pueda resolverse con un solo interceptor o sensor. En cambio, los documentos presupuestarios describen una arquitectura de sistemas de sistemas basada en plataformas expedicionarias y móviles, sensores, efectores, componentes de guerra electrónica y control de fuego interoperable. Ese lenguaje refleja una lección ya visible en muchos conflictos modernos: los drones pequeños son demasiado variados, numerosos y adaptables para derrotarlos con una sola herramienta de definición estrecha.
Según el plan presupuestario, la mayor parte del dinero, 414 millones de dólares, iría a lo que el Ejército llama capacidades operativas pequeñas contra drones. Esa categoría incluye financiación para baterías contra UAS, así como plataformas móviles expedicionarias y sensores. En términos simples, esta es la capa desplegada que acompaña a las fuerzas y proporciona defensa utilizable en entornos operativos activos.
La segunda mayor partida es de 165 millones de dólares para capacidades fijas. Estas se describen como sistemas adicionales contra drones del Ejército y de la fuerza conjunta necesarios para la defensa del territorio nacional y para la defensa de instalaciones o emplazamientos fijos. Esa asignación es notable porque la protección de bases se ha convertido en un gran problema de política pública, ya que el Pentágono y otras agencias federales, incluida la Administración Federal de Aviación, han tenido dificultades para acordar qué autoridades y tecnologías pueden usarse para neutralizar drones sospechosos sobre instalaciones domésticas.
Eflectores, misiles y herramientas para el nivel del soldado
El presupuesto también reserva 132 millones de dólares para efectores. El texto fuente dice que los detalles son escasos, pero sí especifica la compra prevista de 800 capacidades cinéticas, 29 capacidades no cinéticas y 24 misiles cUAS de próxima generación. Ese misil, también conocido como Freedom Eagle-1, se identifica como una plataforma cinética fabricada por AeroVironment.
Otros 108 millones de dólares irían a capacidades a nivel de escuadrón y soldado individual. Eso recuerda que el problema de los drones ha bajado mucho más allá de la escala de la defensa aérea de alta gama. Las contramedidas ya no son solo para grandes instalaciones o unidades especializadas. El Ejército está planificando un campo de batalla en el que formaciones pequeñas e incluso soldados individuales puedan necesitar herramientas inmediatas para detectar, interrumpir o destruir amenazas aéreas de bajo costo.
Este enfoque de gasto escalonado sugiere que el Ejército intenta construir cobertura en todo el espectro de amenazas: formaciones móviles, bases fijas, supervivencia a nivel del soldado y los sistemas de mando y control necesarios para conectar esas piezas. Es una estrategia de adquisición moldeada menos por las suposiciones tradicionales de superioridad aérea y más por la realidad de que los drones pueden aparecer casi en cualquier lugar, en grandes cantidades y a un costo relativamente bajo para un adversario.
Por qué importa esta solicitud ahora
La importancia de la solicitud radica tanto en el momento como en la escala. Casi duplicar la partida de adquisiciones de un año a otro implica una sensación de urgencia. Los drones pequeños ya no se consideran una molestia marginal ni un riesgo emergente que pueda resolverse con compras ad hoc. Se están presupuestando como un desafío central de protección de fuerzas.
Eso coincide con el debate reciente sobre la defensa de instalaciones y con el giro más amplio en el Pentágono hacia una defensa aérea y antimisiles escalonada y modular. Las amenazas de pequeños UAS han expuesto una brecha entre sistemas heredados costosos y las plataformas baratas y abundantes que se les pide derrotar. La respuesta del Ejército, al menos en esta propuesta presupuestaria, no es buscar una única solución exquisita. Es comprar profundidad, diversidad e interoperabilidad.
Queda por ver si el Congreso financia la solicitud completa. Pero el mensaje detrás de las cifras ya es claro. El servicio espera que las demandas contra drones sigan creciendo, y quiere una base de adquisiciones lo suficientemente grande como para sostener al mismo tiempo sistemas desplegados, defensa fija, efectores y capacidades de escalones inferiores.
En ese sentido, la solicitud para el año fiscal 2027 es algo más que comprar hardware. Es un reconocimiento de que la era de los drones pequeños ha cambiado la economía de la protección, y el Ejército trata de gastar en consecuencia.
Este artículo se basa en un reportaje de Breaking Defense. Leer el artículo original.
Originally published on breakingdefense.com


