Un gran problema de seguridad vial aún carece de un sistema nacional de medición

Estados Unidos ha seguido durante mucho tiempo el papel del alcohol en los choques mortales de tráfico con relativa claridad, pero todavía no mantiene una imagen nacional equivalente para los accidentes que involucran deterioro por drogas o combinaciones de drogas y alcohol. Esa brecha es cada vez más importante a medida que los estados relajan las normas sobre cannabis, persiste la crisis de opioides y los responsables de políticas enfrentan presión para entender cómo los patrones cambiantes de consumo de sustancias afectan el riesgo al conducir.

Un informe sobre el tema señala un problema central: demostrar el deterioro por drogas es más difícil que demostrar el deterioro por alcohol. Algunas sustancias pueden seguir siendo detectables mucho después de que haya terminado el periodo real de deterioro. Eso significa que los análisis de sangre por sí solos no responden de forma clara a la pregunta más importante en una investigación de accidente o en un tribunal: si el conductor estaba bajo efectos al momento del incidente.

Un choque en Colorado muestra tanto lo que está en juego como los límites de los estándares actuales

El desafío no es abstracto. El informe relata un accidente de septiembre de 2024 en la U.S. Highway 6, en el oeste de Colorado, en el que un Jeep Grand Cherokee atropelló a dos trabajadores de transporte estatal en el arcén, matando a ambos trabajadores y a un pasajero del vehículo. Según el relato, las pruebas encontraron oxicodona en el sistema del conductor y THC a seis veces el umbral presunto de deterioro de Colorado. Más tarde se declaró culpable y cumple una condena de 30 años de prisión por tres cargos de homicidio vehicular y otros cargos.

Aun así, incluso en un caso con consecuencias tan graves, la ciencia detrás de los umbrales sigue siendo discutida. La ley de Colorado permite una inferencia de deterioro cuando el THC alcanza 5 nanogramos por litro de sangre, pero el informe señala que esto es una “inferencia permisible”, no el equivalente al límite legal de alcohol en sangre de 0.08% utilizado para el alcohol. Un abogado defensor citado en la pieza dijo que el umbral no está respaldado por estudios científicos publicados.

Esa distinción pone de relieve el problema de política pública que enfrentan los reguladores en todo el país. Los estados pueden fijar reglas, pero sin un marco científico y federal más sólido, los umbrales corren el riesgo de convertirse en herramientas toscas en un ámbito donde la biología, el momento, la tolerancia y las interacciones entre drogas complican la interpretación.

Los recortes federales están frenando un trabajo ya difícil

La necesidad de una mejor medición llega justo cuando la capacidad federal se está debilitando. El informe dice que los esfuerzos para ampliar y mejorar el seguimiento de la conducción bajo efecto de drogas se han visto perjudicados por recortes de personal bajo la administración del presidente Donald Trump tras su regreso al cargo en 2025, así como por la disminución de la inversión federal. Las autoridades de seguridad siguen considerando la conducción deteriorada más allá del alcohol como un gran problema de seguridad pública, pero el sistema diseñado para estudiarlo parece estar bajo presión.

Esto importa porque la política pública avanza con rapidez en otras direcciones. Más de 40 estados han legalizado o descriminalizado alguna forma de cannabis o drogas psicodélicas, mientras que la emergencia nacional de opioides sigue sin resolverse. Esos cambios crean una mayor necesidad de datos defendibles sobre accidentes, no menor. Sin ellos, legisladores, fuerzas policiales, tribunales y funcionarios de salud pública quedan tomando decisiones con evidencia incompleta.

La próxima fase de la seguridad vial podría depender de una mejor toxicología y mejores políticas

La conducción bajo efecto de drogas difícilmente responderá al mismo manual que se usa para el alcohol. La ciencia es más compleja, las sustancias son más variadas y la relación entre detección y deterioro es menos directa. Eso significa que el fracaso del gobierno federal para construir un sistema de seguimiento más coherente no es una nota técnica menor. Es una debilidad estructural en la forma en que el país define y responde al riesgo vial.

El resultado es una descoordinación de políticas: los choques mortales pueden involucrar drogas, los fiscales pueden presentar cargos graves y los estados pueden adoptar reglas de umbral, pero el país aún carece de una forma consistente de contar, comparar y evaluar el problema a escala. A medida que se amplía el acceso legal a sustancias que alteran la mente, esa brecha será cada vez más difícil de justificar.

Por ahora, el tema queda entre el derecho penal, la salud pública y la incertidumbre científica. El peligro es lo bastante claro. El sistema de medición, no.

Este artículo se basa en la cobertura de Medical Xpress. Leer el artículo original.

Originally published on medicalxpress.com