La exposición a desastres se vinculó con distintos patrones de consumo de alcohol a largo plazo
Las personas que atraviesan desastres no siguen todas el mismo camino en los años posteriores. Un nuevo estudio de residentes de la costa del Golfo encontró cuatro patrones distintos de consumo de alcohol a lo largo de nueve años, relacionados con cambios en la depresión y la ansiedad por la salud.
La investigación, publicada en Alcohol: Clinical and Experimental Research, siguió a 941 personas que habían experimentado varias perturbaciones importantes: el derrame de petróleo de Deepwater Horizon, huracanes catastróficos y la pandemia de COVID-19. Los investigadores preguntaron repetidamente a los participantes sobre el consumo de alcohol, la salud mental y la ansiedad por la salud.
Los resultados se alejan de una explicación única de la recuperación tras un desastre. En cambio, muestran que el consumo de alcohol puede mantenerse alto, mantenerse bajo, aumentar o disminuir con el tiempo, y que esas trayectorias se asocian con distintos cambios en la salud mental.
Durante nueve años surgieron cuatro grupos
Aproximadamente la mitad de los participantes fue clasificada en un grupo de “nivel alto estable”, lo que significa que su consumo de alcohol se mantuvo constantemente elevado durante el estudio. Cerca de un tercio perteneció a un grupo de “nivel bajo estable”, con un consumo de alcohol consistentemente bajo.
Los participantes restantes se dividieron entre dos grupos más pequeños, cada uno representado por aproximadamente una de cada 10 personas estudiadas. Uno comenzó con un consumo similar al del grupo de nivel alto estable, pero lo redujo con el tiempo. El otro empezó en niveles parecidos a los del grupo de nivel bajo estable y aumentó su consumo con el paso de los años.
Esta distribución importa porque pone de relieve tanto la persistencia como el cambio. Para muchos participantes, los niveles de consumo de alcohol no variaron sustancialmente durante el periodo de observación. Pero una minoría significativa avanzó en direcciones opuestas, lo que sugiere que los promedios generales pueden ocultar a personas cuyas necesidades evolucionan después de un desastre.
- Nivel alto estable: consumo de alcohol consistentemente alto.
- Nivel bajo estable: consumo de alcohol consistentemente bajo.
- Consumo decreciente: consumo inicialmente más alto que disminuyó.
- Consumo creciente: consumo inicialmente más bajo que aumentó.
La depresión y la ansiedad por la salud no evolucionaron de la misma manera
El estudio vinculó los patrones de nivel alto estable y de consumo creciente con un empeoramiento de la depresión. Los participantes cuyo consumo se mantuvo elevado, así como aquellos cuyo consumo aumentó con el tiempo, mostraron esa asociación a medida que avanzaba el estudio.
La ansiedad por la salud siguió un patrón diferente. Aumentó con el tiempo entre las personas de los grupos de nivel alto estable y de consumo decreciente. El hallazgo subraya que reducir el consumo de alcohol no significa necesariamente que se hayan aliviado todas las consecuencias psicológicas de la exposición a un desastre. Distintas medidas del bienestar pueden cambiar de manera independiente, y el perfil de riesgo de una persona puede no quedar reflejado únicamente en sus niveles de consumo.
Por tanto, el mensaje central de los investigadores no es simplemente que la exposición a desastres se asocia con el consumo de alcohol. Es que la relación entre la conducta y la salud mental es variada, prolongada y está determinada por las diferencias individuales.
El tipo de perturbación puede ser importante
La exposición al derrame de petróleo de Deepwater Horizon y a las perturbaciones relacionadas con la COVID-19 se asoció significativamente con los patrones de consumo de alcohol en el estudio. El informe señala que estos acontecimientos fueron menos predecibles y estuvieron marcados por el aislamiento social y la desconfianza, factores que pueden contribuir a cambios en el consumo de alcohol.
Esto contrasta con las dinámicas sociales descritas para los huracanes. Tras desastres naturales como los huracanes, las comunidades pueden unirse para ofrecer apoyo y reconstruir. El estudio no sugiere que los huracanes carezcan de daños duraderos; más bien, identifica una diferencia potencialmente importante en la forma en que se experimentan y afrontan distintos tipos de perturbaciones con el tiempo.
Para los profesionales y los responsables de las políticas públicas, la distinción tiene consecuencias. Una respuesta diseñada para las consecuencias inmediatas de una tormenta quizá no aborde la incertidumbre sostenida, el aislamiento o la desconfianza asociados con otras crisis. El periodo de nueve años del estudio también refuerza que la recuperación no se limita a las primeras semanas o meses posteriores a un acontecimiento.
La necesidad de un apoyo adaptado
Los autores afirman que las intervenciones destinadas a prevenir el consumo problemático de alcohol después de los desastres deberían tener en cuenta los perfiles particulares de salud mental de las personas. La evidencia respalda centrarse en las trayectorias, en lugar de asumir que todas las personas expuestas al mismo acontecimiento necesitan la misma forma de apoyo al mismo tiempo.
Una persona cuyo consumo de alcohol aumenta gradualmente puede necesitar atención aunque su consumo inicial pareciera bajo. Otra que esté reduciendo el consumo puede seguir enfrentándose a una ansiedad por la salud creciente. Y las personas con un consumo persistentemente elevado pueden necesitar un apoyo que considere tanto el riesgo relacionado con el alcohol como el empeoramiento de la depresión.
El estudio no presenta una intervención única como solución. Su aporte consiste en identificar diferencias duraderas entre las personas expuestas a desastres y mostrar por qué es importante el seguimiento a largo plazo. En una región afectada por un derrame de petróleo, huracanes y una pandemia durante el mismo periodo general, los hallazgos recuerdan que los efectos conductuales y de salud mental pueden desarrollarse en plazos diferentes.
La planificación ante desastres suele centrarse en prepararse para un acontecimiento y gestionar sus consecuencias inmediatas. Esta investigación aporta una perspectiva más amplia: las secuelas pueden seguir transformando la salud mental y el consumo de alcohol durante años, y el apoyo eficaz debe ser capaz de reconocer esos distintos caminos.
Este artículo se basa en un informe de Medical Xpress. Lea el artículo original.
Originally published on medicalxpress.com







