Una pregunta de billones de dólares para la salud global

La cobertura sanitaria universal —garantizar que todas las personas puedan acceder a atención médica de calidad y asequible— sigue siendo uno de los objetivos más ambiciosos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. Ante las dificultades de los gobiernos de todo el mundo para cumplir esta promesa, muchos han optado por externalizar los servicios de salud a proveedores privados. Pero, ¿funciona realmente este enfoque? Una amplia revisión global de más de 80 estudios revisados por pares, realizada por investigadores de Sudáfrica, Brasil e India, ofrece algunas respuestas matizadas.

La revisión, elaborada por Zoheb Khan, Frederico Haddad y Leslie London, examinó evidencia de países de múltiples continentes. Sus hallazgos revelan que el éxito o el fracaso de la atención sanitaria externalizada depende mucho menos de si los servicios son prestados de forma privada, y mucho más de cómo se estructuran, supervisan y gobiernan los contratos.

El acceso mejora, la calidad sigue siendo irregular

Un hallazgo consistente fue que la externalización frecuentemente mejoró el acceso a la atención primaria, especialmente en zonas periféricas o remotas donde el alcance y los recursos del Estado eran limitados. Los proveedores privados pudieron ampliar los servicios a comunidades que los sistemas gubernamentales habían tenido dificultades para atender, cubriendo brechas críticas en la cobertura.

Sin embargo, el impacto en la calidad del servicio se mantuvo inconsistente entre los estudios. La revisión destacó un problema de medición fundamental: la calidad se evaluaba con frecuencia mediante indicadores estrictamente definidos, como el número de pacientes atendidos, en lugar de los resultados reales en salud. Esto crea un sistema en el que los proveedores pueden cumplir los parámetros contractuales mientras ofrecen una atención que no alcanza estándares significativos.

La participación comunitaria marca la diferencia

Quizás el hallazgo más relevante fue el papel de la participación comunitaria. Cuando las comunidades locales participaban en el diseño y la supervisión de los contratos, los servicios mejoraban sustancialmente. La revisión citó varios modelos exitosos: los consejos de salud con poder de veto legalmente establecidos en Brasil, los consejos de administración populares en centros de salud de Irán, e iniciativas impulsadas por la comunidad en Bolivia e India vinculadas a mejores resultados en salud materna e infantil.

Estos ejemplos demuestran que la participación democrática no es solo un complemento agradable en la contratación sanitaria, sino un ingrediente crítico para el éxito. Sin ella, los servicios tienden a orientarse hacia el cumplimiento de objetivos burocráticos en lugar de hacia las necesidades de la comunidad.

Los riesgos de una supervisión débil

La revisión también identificó riesgos graves. La escasa capacidad estatal de gestión de contratos condujo frecuentemente a costes desbocados y a una deficiente rendición de cuentas. Las empresas con fines de lucro a veces priorizaron el valor para el accionista por encima de los objetivos de salud pública. Las barreras técnicas y los sistemas de reporte fragmentados dificultaron una supervisión eficaz, haciendo difícil para los gobiernos saber si los servicios contratados estaban realmente generando valor.

Los investigadores concluyeron que dos elementos son esenciales para el éxito de la externalización sanitaria: desarrollar una sólida capacidad estatal de compra y supervisión, e incorporar una participación pública democrática significativa en cada etapa del proceso de contratación. Sin ambos, la promesa de la atención sanitaria externalizada corre el riesgo de convertirse en una costosa decepción.

Este artículo se basa en información de Medical Xpress. Leer el artículo original.