Una posible nueva pista sobre el cáncer pediátrico
Investigadores de Noruega han informado de indicios de que unos anticuerpos inusuales podrían intervenir en el desarrollo de algunos cánceres infantiles. El trabajo se centra en los autoanticuerpos: proteínas inmunitarias que reconocen las propias moléculas del organismo en lugar de una amenaza externa.
En este caso, los anticuerpos estaban dirigidos contra proteínas utilizadas en la reparación del ADN. La maquinaria de reparación del ADN es un amplio conjunto de proteínas que identifica y corrige daños y errores en el material genético. Los investigadores descubrieron que los niños con varios tipos de cáncer tenían más anticuerpos contra algunas de estas proteínas que los grupos de comparación. También informaron de que los autoanticuerpos podían entrar en células vivas y unirse a las proteínas que atacan.
Los resultados, publicados en Frontiers in Immunology, no demuestran que los anticuerpos causen cáncer. Sin embargo, apuntan a un posible mecanismo que merece ser investigado en un área de la enfermedad cuyas causas pueden diferir mucho de las de los cánceres diagnosticados más adelante en la vida.
Por qué importa la cuestión
Los cánceres infantiles suelen aparecer en circunstancias biológicas distintas de las de los cánceres adultos. Los niños han tenido mucho menos tiempo para acumular daños en el ADN asociados con el envejecimiento, las exposiciones ambientales y los factores relacionados con el estilo de vida. Los tumores pediátricos también tienden a presentar menos mutaciones y pueden surgir de células menos maduras, incluidas células madre o progenitoras.
Por eso es especialmente importante comprender los procesos que podrían deteriorar las defensas celulares normales al principio de la vida. La reparación del ADN es una de esas defensas. Si una proteína de reparación no puede cumplir su función, los daños o errores del genoma pueden persistir en lugar de corregirse.
La observación central del equipo noruego es que los niños con cáncer pediátrico parecían portar cantidades inusualmente elevadas de autoanticuerpos contra componentes de esa maquinaria de reparación. El autor de correspondencia, Ola Myklebost, profesor emérito de oncología molecular de la Universidad de Bergen, afirmó que el estudio también mostró que esos anticuerpos podían entrar en células vivas y unirse a proteínas esenciales de reparación del ADN. Los investigadores dijeron que esa unión probablemente inhibe la actividad de las proteínas, aunque se necesitan más estudios.
Qué examinaron los investigadores
El estudio analizó el proteoma, o conjunto completo de proteínas expresadas, en muestras tumorales y sanguíneas de 175 adultos y niños con sarcoma o leucemia linfoblástica aguda. Las muestras se recogieron entre 2014 y 2017 a través de biobancos noruegos de investigación y hospitales, entre ellos el NoSarC Norwegian Sarcoma Study, el Norwegian Childhood Cancer Biobank y el Cancer Research Biobank del Oslo University Hospital.
Esos resultados se compararon con muestras de participantes sanos anonimizados. Los grupos de comparación incluían donantes de sangre y niños que participaban en el Bergen Growth Study o acudían a una clínica en Bergen.
Según el informe, la diferencia más marcada apareció entre los niños de 2 a 19 años con cáncer pediátrico. En comparación con adultos jóvenes y personas mayores, estos niños presentaban cantidades sustancialmente mayores de autoanticuerpos contra proteínas de reparación del ADN.
Los cánceres mencionados en el informe incluyen leucemia, mieloma, neuroblastoma y osteosarcoma, además de las muestras de sarcoma y leucemia linfoblástica aguda utilizadas en el trabajo de caracterización de los investigadores. El hallazgo es relevante porque abarca más de un contexto de cáncer pediátrico, aunque no debe interpretarse como una explicación única para todos los cánceres infantiles.
La detección es una posibilidad futura, no una prueba actual
Los investigadores sugieren que la observación podría llegar a servir para la detección temprana en niños pequeños. La idea es que identificar un patrón preocupante de autoanticuerpos antes de que aparezca la enfermedad podría algún día ayudar a evaluar el riesgo o explorar estrategias preventivas.
Esta posibilidad sigue siendo preliminar. Un programa de detección tendría que demostrar que la señal de anticuerpos predice de forma fiable resultados relevantes, distingue el riesgo de la variación normal y permite actuar de manera segura. También necesitaría validación en grupos infantiles más grandes e independientes, además de pruebas sobre cuándo aparecen los anticuerpos y con qué regularidad afectan a la reparación del ADN en tejido vivo.
Aun así, el trabajo ofrece una dirección comprobable para la oncología pediátrica. En lugar de buscar únicamente cambios genéticos heredados o mutaciones tumorales, los investigadores pueden preguntarse si una respuesta inmunitaria está alterando los sistemas que protegen el genoma. Si se confirma ese vínculo, podría ampliar la forma en que clínicos y científicos consideran el riesgo de cáncer en los niños.
Las próximas preguntas
- ¿Estos autoanticuerpos preceden al cáncer o aparecen como consecuencia de la enfermedad?
- ¿Qué proteínas de reparación del ADN son más importantes para la asociación observada?
- ¿Con qué frecuencia pueden los anticuerpos entrar en las células y reducir de forma relevante la actividad reparadora?
- ¿Puede reproducirse la señal en poblaciones pediátricas más grandes y diversas?
Por ahora, el estudio debe considerarse una evidencia de un mecanismo prometedor, no una conclusión clínica. Añade una dimensión inmunitaria a la búsqueda de las causas de algunos cánceres infantiles y aporta una hipótesis concreta que podrá probarse en futuros estudios.
Este artículo se basa en informaciones de Medical Xpress. Leer el artículo original.
Originally published on medicalxpress.com






