La agrivoltaica se encuentra con el estrés hídrico
Investigadores en España afirman que una prueba de campo que combina la agrivoltaica con el riego deficitario regulado podría reducir de forma notable el uso de agua en el cultivo de tomate sin renunciar a los beneficios de uso dual de la energía solar. Según el informe de pv magazine del 30 de abril, el equipo probó el enfoque en Madrid y Sevilla y encontró que la demanda de riego podía recortarse en torno a la mitad.
El trabajo se centra en un problema práctico que afronta la agricultura en regiones cálidas y secas: el agua es cada vez más difícil de asegurar, al mismo tiempo que se presiona a los productores para mejorar la productividad del suelo. La agrivoltaica, que coloca paneles solares sobre o alrededor de los cultivos, suele promocionarse como una forma de hacer que una misma parcela trabaje en dos funciones a la vez. El estudio español añade una segunda palanca al combinar esa configuración con riego deficitario regulado, o RDI, una técnica que reduce intencionadamente el riego durante las fases de crecimiento menos sensibles.
En los ensayos reportados, los investigadores monitorizaron el potencial hídrico foliar para evitar que las plantas entrasen en un estrés excesivo mientras seguían usando menos agua. La sombra de los paneles fotovoltaicos reduce la demanda evaporativa, lo que puede ayudar a los cultivos a retener la humedad durante más tiempo. Esa interacción es central para la lógica del proyecto: si los paneles reducen la carga de calor y radiación sobre las plantas, entonces podría ser posible una falta de riego cuidadosamente gestionada sin provocar pérdidas severas de rendimiento.
Por qué importa la combinación
Ni la agrivoltaica ni el riego deficitario son nuevos por sí solos. Lo que hace notable el estudio es el intento de utilizarlos juntos como respuesta a nivel de sistema frente a dos restricciones distintas: tierra y agua. En lugares donde el despliegue solar compite con las tierras agrícolas, la agrivoltaica ofrece un argumento político y económico a favor de la coexistencia en lugar de la conversión. En lugares donde la presión por la sequía se intensifica, la eficiencia del riego ya no es una ganancia marginal; es una condición para seguir produciendo.
Los investigadores señalaron que la sombra de los paneles redujo la radiación disponible, pero el diseño del sistema aun así mejoró la eficiencia del uso del suelo al respaldar la producción agrícola y la generación eléctrica en el mismo lugar. Ese encuadre importa porque la agrivoltaica a menudo se evalúa solo por el rendimiento del cultivo o solo por la producción de energía. Un sistema de uso dual debe valorarse en ambos frentes a la vez.
Si la reducción de riego informada en el ensayo se mantiene en despliegues más amplios, el enfoque podría volverse especialmente relevante en climas mediterráneos y otras regiones donde los productores afrontan tanto alto potencial solar como escasez crónica de agua. El tomate también es un cultivo de gran importancia comercial, lo que lo convierte en un caso de prueba útil para saber si la agrivoltaica puede pasar de las parcelas de demostración a las operaciones agrícolas convencionales.
Los límites siguen importando
El texto fuente no afirma que la sombra sea universalmente beneficiosa ni que todos los tipos de cultivo respondan de la misma manera. De hecho, los investigadores señalan explícitamente que los paneles reducen la radiación disponible. Eso significa que el diseño del sistema sigue siendo crucial. Demasiada sombra podría frenar el crecimiento, mientras que muy poca podría dejar sobre la mesa el ahorro de agua. El resultado reportado depende no solo de colocar módulos sobre los cultivos, sino de ajustar la disposición y el momento del riego a la fisiología de la planta.
Ese detalle apunta a la conclusión más importante: la agrivoltaica no es una sola tecnología, sino un espacio de diseño. La separación entre hileras, la altura de los paneles, la elección del cultivo, el clima local y los controles de riego cambian el resultado. La contribución del grupo español es mostrar que la gestión del agua puede tratarse como una variable activa en ese espacio de diseño y no como una entrada fija.
Para los desarrolladores energéticos, eso puede ampliar el caso comercial. Los proyectos solares que pueden demostrar compatibilidad agrícola tienen una respuesta más sólida ante las críticas sobre el uso del suelo. Para los agricultores, el atractivo es distinto: una estructura que modera el estrés térmico al tiempo que reduce la demanda de riego puede ofrecer beneficios de resiliencia más allá de los ingresos por electricidad.
Un futuro más restringido para la agricultura
La importancia mayor del ensayo es que refleja la dirección de la tecnología agrícola moderna. En lugar de buscar rendimiento a través de una sola entrada, los investigadores intentan cada vez más optimizar sistemas completos bajo restricciones climáticas. El agua, la tierra y la energía se tratan como recursos interdependientes.
Eso no convierte a la agrivoltaica en una solución universal. Sí sugiere que la infraestructura agrícola del futuro quizá tenga que hacer más de un trabajo a la vez. En ese sentido, el resultado español no trata solo de los tomates, sino de cómo se ve la adaptación cuando las explotaciones deben producir alimentos bajo límites ambientales más estrictos.
La próxima pregunta es si el enfoque escala económica y agronómicamente a través de estaciones, variedades de cultivo y tamaños de explotación. Pero incluso en fase de ensayo, la reducción del 50% en el uso de riego reportada es lo bastante grande como para llamar la atención en regiones donde cada metro cúbico de agua se disputa.
Este artículo se basa en la cobertura de PV Magazine. Leer el artículo original.


