La dirección de la transición energética se mantiene, pero el camino se está volviendo más enredado
La transición energética de Norteamérica sigue avanzando, pero entra en una fase más compleja en la que la política y la ejecución importan tanto como los costes tecnológicos. Ese es el mensaje central del repaso de Energy Monitor sobre las perspectivas de GlobalData para la transición energética en Norteamérica de 2026. El informe sostiene que el argumento económico general a favor de las energías renovables sigue intacto, pero la trayectoria de la región se está volviendo más difícil de prever a medida que la volatilidad de las políticas y el conflicto geopolítico complican el despliegue.
Esta distinción es importante. Durante gran parte de la última década, la transición energética se enmarcó a menudo como una historia de costes. La solar se abarató, el almacenamiento mejoró, la eólica escaló y la expectativa era que la adopción se aceleraría solo por esas condiciones económicas. La nueva perspectiva sugiere que esa fase ha terminado. La tecnología y la economía siguen importando, pero las restricciones decisivas ahora tienen que ver con los permisos, las redes, la capacidad industrial y el compromiso político.
Las renovables siguen creciendo
A pesar de la turbulencia, la perspectiva sigue proyectando un crecimiento sustancial. Se espera que las renovables pasen del 32% de la generación eléctrica en 2025 al 43% en 2035 en toda Norteamérica. Solo la solar se proyecta que alcance el 19%. En términos de capacidad, se espera que las renovables pasen del 42% al 58% en el mismo periodo.
Son avances significativos, y muestran que la transición no se ha estancado. Pero el informe también sitúa a Norteamérica en una posición comparativa más débil que la tendencia global. A nivel mundial, se espera que las renovables representen alrededor del 69% de la capacidad en 2035. La implicación no es solo que Norteamérica podría descarbonizarse más lentamente. Es que las regiones que avancen más rápido en redes, cadenas de suministro y electrificación también podrían obtener una ventaja industrial.
Esa forma de enmarcar la competencia marca un cambio respecto a los debates anteriores, que trataban la transición principalmente como una meta climática. Cada vez más, la velocidad de ejecución también se interpreta como una medida de capacidad económica.
El crecimiento de la demanda está haciendo la transición más difícil y más urgente
La presión más inmediata en la perspectiva proviene de la demanda eléctrica. Se proyecta que el consumo de Norteamérica suba de unos 5.000 teravatios hora en 2025 a casi 5.900 teravatios hora en 2035. La electrificación contribuye a ese aumento, pero el informe señala a los centros de datos como una fuente de presión mayor de lo que muchos esperaban.
Eso importa porque el crecimiento de la demanda cambia el problema de la transición. Ya no se trata solo de reemplazar la generación heredada por fuentes más limpias. También se trata de construir suficiente nueva oferta, transmisión, almacenamiento y flexibilidad del sistema para atender una economía más grande y con mayor consumo de electricidad. Si la demanda crece rápidamente mientras la infraestructura va por detrás, incluso una economía favorable para las renovables puede no ser suficiente para mantener la transición en plazo.
Ahí es donde el énfasis de la perspectiva en la ejecución se vuelve más concreto. Las regiones que puedan conectar proyectos a la red, ampliar las cadenas de suministro y gestionar cargas crecientes ganarán impulso. Las que no puedan hacerlo pueden encontrar que una estrategia formalmente favorable a la transición siga produciendo resultados reales más lentos.
La política sigue siendo el gran factor de giro
El informe también destaca la volatilidad política como una gran fuente de incertidumbre, señalando específicamente el desincentivo activo de la administración Trump a los proyectos de energías renovables. Eso no borra la tendencia de largo plazo, pero sí hace que el camino sea menos lineal. Las transiciones pueden frenarse, desviarse o revertirse, y los cambios de política pueden afectar no solo las aprobaciones de proyectos, sino también la confianza empresarial sobre dónde invertir.
Por eso el análisis describe el periodo actual como más exigente. La historia fácil era que la economía haría la mayor parte del trabajo. La historia más dura es que los sistemas energéticos se construyen mediante políticas, infraestructura y coordinación industrial. Si esos elementos se vuelven inestables, los ganadores dentro de la transición pueden cambiar incluso cuando la dirección general sigue siendo positiva.
En ese sentido, la perspectiva es menos una contradicción del impulso de la energía limpia que una advertencia contra la complacencia. La transición sigue acelerándose en términos absolutos, pero el rendimiento relativo importa. Quedarse atrás del ritmo global tendría consecuencias no solo para los objetivos de emisiones, sino también para la competitividad industrial y la resiliencia del sistema energético.
Puntos clave
- Se proyecta que las renovables pasen del 32% de la generación norteamericana en 2025 al 43% en 2035.
- Se espera que la capacidad renovable crezca del 42% al 58% en el mismo periodo.
- Se prevé que Norteamérica quede por detrás del ritmo global, donde las renovables podrían alcanzar cerca del 69% de la capacidad en 2035.
- Se espera que la demanda eléctrica aumente con fuerza, y que los centros de datos sean un motor principal.
- La volatilidad política está cambiando qué tecnologías y proyectos están mejor posicionados para ganar.
La conclusión general no es que la transición norteamericana esté fracasando. Es que la próxima década estará definida menos por si las tecnologías limpias son viables y más por si los gobiernos y los mercados pueden construir lo bastante rápido y con la suficiente consistencia para seguir el ritmo de la demanda. La economía abrió la puerta. La política y la ejecución decidirán cuánto se abre.
Este artículo se basa en la cobertura de Energy Monitor. Leer el artículo original.
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