En la carrera por dominar la inteligencia artificial, algunas de las empresas tecnológicas más grandes del mundo están apostando por vastos nuevos centros de datos. Pero esos monolitos de hormigón y servidores conllevan un enorme precio oculto: emisiones de carbono que amenazan con socavar años de progreso en el cambio climático.

Según un nuevo análisis destacado por el Financial Times y recogido por CNET, los 60 centros de datos más grandes actualmente en construcción por las principales empresas tecnológicas de Estados Unidos bombearán un estimado de 101,5 millones de toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera cada año una vez que estén completamente operativos. Eso es aproximadamente equivalente a poner 24 millones de automóviles adicionales de gasolina en las carreteras, una ilustración clara de la creciente huella ambiental de la IA.

Un shock de carbono equivalente a millones de automóviles

Las cifras son asombrosas. Los 101,5 millones de toneladas de emisiones anuales de CO2 serían comparables a la producción anual de una pequeña nación industrializada. Para visualizarlo: si todas esas emisiones provinieran de automóviles, formarían una fila de vehículos que se extendería por todo el mundo muchas veces.

Los centros de datos son grandes consumidores de energía. Requieren electricidad las 24 horas del día para mantener los servidores en funcionamiento y los sistemas de refrigeración operativos. Incluso con la expansión de las energías renovables, el enorme volumen de nueva capacidad de cómputo está creando un aumento en la demanda de energía basada en combustibles fósiles. El informe señala que, aunque la energía solar ha florecido en EE. UU. e internacionalmente, las ganancias corren el riesgo de ser anuladas por los sistemas de alto consumo que ejecutan modelos de IA, modelos que, como señala irónicamente el artículo original, pueden alucinar motocicletas enteras que no existen.

Las emisiones de las grandes tecnológicas están aumentando rápidamente

Quizás el indicador más preocupante es que las emisiones de los mayores proveedores de nube están aumentando a un ritmo alarmante. Según el análisis del Financial Times, las emisiones de Amazon aumentaron un 16% entre 2024 y 2025. Alphabet, la empresa matriz de Google, experimentó un aumento del 18%. Las emisiones de Microsoft aumentaron un asombroso 25% en el mismo período.

Estos aumentos no son accidentales. Son el resultado directo de un aumento en la construcción de centros de datos y una demanda insaciable de cómputo de IA. Los porcentajes reflejan una tendencia más amplia de la industria que contradice los compromisos de cero emisiones netas que muchas de estas empresas han proclamado en voz alta. En resumen, la nube tiene su propia nube de carbono.

  • Amazon: +16% de emisiones (2024-2025)
  • Alphabet/Google: +18% de emisiones
  • Microsoft: +25% de emisiones

La red eléctrica ya está sintiendo la presión

Esas enormes demandas eléctricas no son solo un problema climático; también están estresando la red eléctrica existente. Las empresas de servicios públicos en varios estados han advertido que la rápida construcción de centros de datos podría provocar apagones o retrasos en la conexión de nuevas instalaciones a la red. El problema se ve agravado por el hecho de que la energía solar, aunque barata y limpia, solo funciona cuando el sol brilla. Las baterías están ayudando a cerrar la brecha, pero aún no pueden proporcionar la fiabilidad 24/7 que los centros de datos exigen.

La situación empeora por los vientos políticos en contra. El informe señala que la administración Trump ha estado recortando los créditos fiscales para energía limpia, lo que hace más caro y, por lo tanto, más difícil construir nueva capacidad renovable para compensar el aumento de los centros de datos. El resultado es una tormenta perfecta: aumento de la demanda de energía, una red estirada al límite y menos incentivos para descarbonizar.

Soluciones extravagantes: centros de datos orbitales y espejos espaciales

Ante estos obstáculos, los gigantes tecnológicos están explorando ideas que suenan menos a ingeniería y más a ciencia ficción.

Reflejando luz solar desde el espacio

Meta ha propuesto lanzar espejos gigantes a la órbita para reflejar la luz solar hacia paneles solares en la Tierra las 24 horas del día. Esto, en teoría, resolvería el problema de la intermitencia de la energía solar al proporcionar iluminación constante. Los críticos han señalado que el plan suena como el esquema de un supervillano para derretir los casquetes polares, pero Meta insiste en que es una vía de investigación seria.

Centros de datos en órbita

Google, mientras tanto, ha planteado planes para una flota de centros de datos de IA en órbita que vuelan en formación. Para no ser menos, SpaceX ha solicitado permiso para colocar un millón de satélites de este tipo en órbita. El atractivo es obvio: en el espacio, los paneles solares reciben luz solar sin filtrar las 24 horas del día, y no se producen emisiones en la Tierra. Los obstáculos logísticos (costos de lanzamiento, mantenimiento y desechos espaciales) siguen siendo enormes.

Energía nuclear: el elefante en la habitación de sales fundidas

Si el espacio es demasiado descabellado, muchas empresas tecnológicas están recurriendo a una opción más terrestre: la energía nuclear. Varias empresas han firmado acuerdos con nuevas empresas nucleares, apostando a que una nueva generación de reactores modulares más pequeños pueda proporcionar energía limpia y constante sin el lastre radiactivo de las plantas tradicionales.

La energía nuclear tiene la ventaja de funcionar las 24 horas del día con cero emisiones de CO2. Pero también conlleva riesgos. El problema de los desechos radiactivos sigue sin resolverse, y la oposición pública a nuevas plantas ha obstaculizado a la industria durante décadas. Las nuevas empresas prometen que sus reactores nuevos y más pequeños son más seguros y más adaptables a las necesidades energéticas cambiantes, una promesa que sigue sin probarse a escala comercial.

El resultado final

La inteligencia artificial puede estar transformando el mundo, pero su infraestructura física está pasando factura al planeta. Los 60 centros de datos que ahora se están construyendo en todo Estados Unidos representan una carga de CO2 que persistirá durante décadas, y las empresas responsables todavía luchan por alinear su crecimiento con sus compromisos climáticos.

Hasta que las fuentes de energía más limpias puedan escalar lo suficientemente rápido, ya sea del sol, del átomo o de alguna invención aún no imaginada, cada consulta de IA conllevará un costo ambiental más pesado. Y como muestra el análisis, ese costo ya no es teórico. Es tan real como los 24 millones de automóviles que esos centros de datos, en efecto, añadirán a las carreteras.

Este artículo se basa en un informe de Jalopnik. Leer el artículo original.

Originally published on jalopnik.com