China diseña otra expansión gigantesca para la eólica y la solar

China ha publicado un nuevo plan quinquenal de desarrollo de energías renovables que traza la dirección del país para 2026 a 2030, y el titular es la escala. El plan, emitido por la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma y la Administración Nacional de Energía, fija objetivos cuantitativos para capacidad renovable, generación eléctrica, usos no eléctricos y seguridad del suministro. En conjunto, el documento señala que China pretende seguir expandiendo la energía limpia a un ritmo lo bastante grande como para transformar tanto su sistema eléctrico interno como el mercado energético global.

La cifra más llamativa del material fuente es el objetivo para siete grandes bases eólicas y solares repartidas por regiones como Xinjiang, el Corredor de Hexi, el recodo del río Amarillo, el norte de Hebei y la cuenca de Songliao. Se espera que esas bases añadan no menos de 370 gigavatios de nueva capacidad instalada durante el período 2026 a 2030. Solo eso representaría una expansión a una escala que supera los sistemas eléctricos totales de muchos países.

El plan pone el acento en una estrategia geográfica concreta. China está apostando fuertemente por proyectos solares fotovoltaicos en desiertos, plantas solares en terrenos baldíos del norte y un desarrollo eólico a gran escala. Ese enfoque refleja una lógica familiar en la planificación energética china: colocar enormes activos renovables donde la tierra abunda y la calidad del recurso es alta, y luego conectarlos a los centros de demanda mediante transmisión de larga distancia. El texto fuente también señala que estos proyectos se enmarcan no solo como generación eléctrica, sino como parte de un modelo de desarrollo más amplio que vincula el despliegue solar con el control de la desertificación, la restauración ecológica y la entrega de energía verde entre provincias.

Las metas apuntan a un sistema eléctrico con las renovables en el centro

Más allá de la expansión a nivel de base, los objetivos nacionales muestran cuán centrales se están volviendo la eólica y la solar en la mezcla eléctrica general de China. Para 2030, se espera que la capacidad renovable total instalada alcance unos 3,5 mil millones de kilovatios, o 3.500 gigavatios, mientras que la generación anual renovable se proyecta en 6 billones de kilovatios-hora. El plan también indica que la eólica y la solar juntas alcanzarán 2.800 gigavatios y representarán la mitad de la capacidad instalada del país.

Las cifras de generación importan tanto como la capacidad nominal, y el plan también las incluye. Se espera que la eólica y la solar produzcan 4.000 teravatios-hora de electricidad para 2030, lo que representaría el 30% de la generación total. Eso importa porque los críticos de la expansión renovable suelen centrarse en la intermitencia o el bajo uso, pero el lenguaje de planificación chino muestra que el gobierno mide el éxito en términos de energía realmente entregada, no solo de proyectos anunciados o conectados a la red.

Otro objetivo apunta a un papel industrial más amplio de las renovables. El plan dice que la energía renovable usada para calefacción, producción de hidrógeno, materias primas industriales y otras aplicaciones no eléctricas aumentará 1,5 veces respecto al nivel de 2025, alcanzando el equivalente de unos 150 millones de toneladas de carbón estándar. Eso es una señal notable porque sugiere que China no trata las renovables solo como una forma de descarbonizar la red. También las está posicionando como insumo y energía de proceso para la industria pesada y para sectores emergentes vinculados al hidrógeno.

El almacenamiento y el equilibrio de la red se convierten en infraestructura central

Uno de los detalles más importantes del texto fuente es que las gigantescas bases eólicas y solares están pensadas para ir acompañadas de recursos reguladores complementarios. Entre ellos se incluyen el bombeo hidroeléctrico, la energía solar de concentración y nuevas formas de almacenamiento de energía. Esa es una respuesta práctica al desafío central de integrar enormes cantidades de generación renovable variable: producir electricidad es solo una parte del trabajo; moverla, equilibrarla y hacerla despachable es igualmente importante.

El almacenamiento por bombeo sigue siendo una de las herramientas de equilibrio a gran escala más maduras, y ofrece a los operadores de la red una forma de desplazar energía en el tiempo. La solar de concentración, aunque mucho menos común que la solar fotovoltaica, puede añadir almacenamiento térmico y una producción más controlable. La referencia a nuevas formas de almacenamiento sugiere que China quiere flexibilidad más allá de los sistemas hidroeléctricos tradicionales. Incluso sin más detalle técnico en el texto proporcionado, la dirección es clara. Pekín está planificando el crecimiento renovable junto con capacidad de firmeza, no como líneas políticas separadas.

Eso importa por otra razón: los cuellos de botella en transmisión y el recorte de generación han limitado históricamente el valor de la expansión renovable en partes de China. El material fuente dice explícitamente que el objetivo es resolver los cuellos de botella de consumo y transmisión y construir el mayor clúster de suministro de energía limpia del país. En otras palabras, este plan intenta abordar uno de los puntos débiles de ciclos anteriores de expansión mediante la combinación de objetivos de generación y medidas de integración del sistema.

Por qué este plan importa más allá de China

La planificación renovable de China afecta mucho más que su propia trayectoria de emisiones. El país es el fabricante dominante del mundo en partes clave de la cadena de suministro solar y de baterías, y sus metas de despliegue interno ayudan a moldear decisiones de inversión, escala industrial y precios globales. Un plan que llama a otra ronda enorme de construcción solar y eólica probablemente reforzará el papel de China como mercado ancla para muchas tecnologías de energía limpia.

También tiene implicaciones para la competencia industrial. A medida que las renovables se adentran en la calefacción, la producción de hidrógeno y el procesamiento de materias primas, la política eléctrica empieza a solaparse con el comercio, la estrategia manufacturera y la seguridad de recursos. Los países que intentan construir capacidad industrial baja en carbono observarán si China puede convertir sistemas renovables ultragrandes en una ventaja para la industria pesada y la competitividad exportadora.

También hay una dimensión estratégica de seguridad energética en la forma en que se presenta el plan. El documento no describe las renovables solo como infraestructura climática. Las trata como activos de seguridad del suministro. Ese lenguaje es significativo porque refleja cómo las transiciones energéticas se justifican cada vez más en términos de resiliencia, uso de recursos domésticos y protección frente a la volatilidad de los combustibles. Para los responsables políticos de otros lugares, esto recuerda que el despliegue renovable es hoy tanto un proyecto industrial y de seguridad como uno ambiental.

El texto fuente no ofrece todos los detalles de implementación, y los grandes objetivos no siempre se traducen sin fricciones en resultados reales. La construcción de redes, los permisos locales, la financiación, el uso del suelo y el ritmo del despliegue de almacenamiento determinarán si estas cifras se alcanzan según lo previsto. Pero la señal general es inequívoca. China entra en su próximo ciclo de planificación con la intención de seguir construyendo energía renovable a una escala excepcional, profundizar el papel de la eólica y la solar en la generación total y extender la electricidad limpia a usos industriales que antes eran mucho más difíciles de electrificar.

Si el país se acerca a las cifras que establece el plan, el resultado no será simplemente más capacidad renovable. Será un experimento mucho mayor en operar un sistema eléctrico continental alrededor de energía limpia variable, respaldado por almacenamiento, transmisión y demanda industrial. Eso convierte a este plan no solo en un documento de política doméstica, sino en uno de los indicadores más claros hasta ahora de hacia dónde se dirige la siguiente fase de la transición energética global.

Este artículo se basa en la cobertura de CleanTechnica. Leer el artículo original.

Originally published on cleantechnica.com