La queja ya no es aislada

The Bear de FX se ha ganado una reputación por su intensidad, precisión y volatilidad emocional, pero hay una línea de crítica que se vuelve más difícil de ignorar con cada nueva relación que introduce. El ejemplo más reciente, según una reseña de Mashable formulada con contundencia, es Sherri en el episodio sorpresa “Gary”, un personaje que se suma a una serie de intereses amorosos femeninos poco desarrollados que orbitan alrededor de los hombres de la serie.

La acusación no es que la serie deba evitar el romance. Es que, cuando aparece el romance, las mujeres involucradas con demasiada frecuencia funcionan menos como personas completas que como estructuras de apoyo emocional. Su función narrativa es calmar, explicar, admirar o estabilizar a los protagonistas masculinos. Eso puede ofrecer una señal emocional rápida, pero limita lo que esas relaciones pueden significar en pantalla.

En un panorama de televisión de prestigio que valora cada vez más la profundidad psicológica, esa crítica pesa con fuerza. A The Bear no se la juzga con una vara baja. Se la juzga frente a su propia reputación de especificidad y frente a un entorno televisivo que espera que los personajes secundarios, especialmente las mujeres, tengan motivos y vida interior más allá de lo que ofrecen al protagonista.

Claire fue la señal de alarma

La reseña apunta a la relación de Carmy con Claire como el ejemplo más claro. Claire, una amiga de la infancia que reaparece en su vida, se describe más como símbolo que como persona: una presencia luminosa cuyas escenas giran en torno a los recuerdos de Carmy, al daño de Carmy y a la posibilidad de que Carmy sane. Incluso cuando la serie insinúa para ella una vida fuera de cámara, esos detalles no llegan a moldear de forma significativa lo que ve el espectador.

Ese es un problema de escritura muy conocido. A un personaje se le puede asignar una profesión, un pasado o un rol social y aun así seguir siendo dramáticamente delgado si esos rasgos nunca alteran la geometría emocional de una escena. Según la crítica, eso es lo que ha ocurrido con Claire, y el problema no se ha corregido en otros casos.

El mismo patrón se extiende a Jessica y Tiffany, presentadas menos como personajes con deseos propios que como influencias estabilizadoras para Richie. La reseña sostiene que su pericia o individualidad quedan desplazadas por el ánimo, la contención o las frases de apoyo diseñadas para empujar su recorrido.

Sherri se convierte en el nuevo caso de prueba

Lo que hace relevante a Sherri no es solo que sea otro interés amoroso. Es que su llegada sugiere que la serie todavía no ha encontrado una forma más creíble de escribir la intimidad. En vez de ampliar el campo emocional, el romance corre el riesgo de estrecharlo al convertir a las mujeres en espejos de la crisis masculina.

Eso importa porque las relaciones en televisión hacen más que añadir ternura o vulnerabilidad. En su mejor versión, introducen prioridades contrapuestas, fricción social, humor, sorpresa y ambigüedad moral. Cuando una pareja romántica existe sobre todo para validar o regular al héroe, la relación se vuelve dramáticamente unidireccional. Puede seguir transmitiendo sentimiento, pero rara vez tensión.

El lenguaje de la reseña es especialmente incisivo al describir cómo estas mujeres empiezan a parecerse entre sí: adoradoras, atentas, terapéuticas y orientadas hacia las necesidades de los hombres frente a ellas. Si esa impresión se mantiene, entonces el problema es estructural y no accidental. No se trata de una sola pareja fallida. Se trata de un molde recurrente.

Por qué esto importa en una serie construida sobre el detalle

The Bear es celebrada precisamente porque suele evitar la narración genérica. Las cocinas se sienten habitadas. El trabajo se siente técnico. El conflicto familiar se siente caótico y específico. Esa atención a la textura es una de las razones por las que el enfoque de la serie sobre el romance destaca tanto. La misma serie que puede representar con cuidado la presión del servicio o los ritmos del duelo parece, en esta lectura, aplanar a las mujeres en cuanto entran en el papel de posibilidad romántica.

Ese contraste hace que la crítica sea más seria que una queja rutinaria sobre personajes secundarios. Sugiere un punto ciego en una serie que, por lo demás, es elogiada por su inteligencia emocional. Cuando los personajes femeninos se convierten en vehículos para la recuperación masculina, las relaciones aún pueden leerse como tiernas, pero dejan de sentirse recíprocas.

Para los espectadores, el problema es la repetición. Un interés amoroso simplificado puede ser perdonable. Una cadena de ellos empieza a parecer una filosofía de escritura, sea intencional o no.

La próxima temporada enfrenta una prueba de credibilidad

La serie puede abordar esto sin abandonar el romance. De hecho, una escritura romántica más sólida probablemente afilaría la serie en lugar de suavizarla. Eso significaría dar a los personajes femeninos deseos que desestabilicen a los hombres a su alrededor, valores que no se alineen automáticamente con el cuidado, y escenas que no estén organizadas alrededor de la introspección masculina.

El estándar no es abstracto. El público puede notar cuándo un personaje llega como persona y cuándo llega como función. La crítica a Sherri, Claire, Jessica y Tiffany sostiene que The Bear suele elegir la función. Si la serie quiere que sus relaciones se sientan tan vivas como sus cocinas, tendrá que empezar a escribir mujeres que no sean simplemente arquitectura emocional para hombres dañados.

Para una serie tan aclamada, eso no es un detalle menor. Es una de las áreas más claras que aún quedan en las que un drama celebrado se ve menos observador de lo que cree ser.

Este artículo se basa en el reportaje de Mashable. Leer el artículo original.

Originally published on mashable.com