El Center for Humane Technology se reduce a un núcleo liderado por sus fundadores
El Center for Humane Technology, la organización sin ánimo de lucro de seguridad en línea cofundada por el exgerente de producto de Google Tristan Harris y popularizada por el documental The Social Dilemma, está despidiendo a aproximadamente la mitad de sus empleados no fundadores y retirando dos de sus programas centrales, según exmiembros del personal que hablaron con WIRED.
Los recortes suponen nueve salidas de un grupo de 16 empleados no fundadores. Entre quienes se marchan están la directora ejecutiva Julie Guirado y la directora sénior de estrategia Camille Carlton. La junta anunció la reorganización la semana pasada y la presentó como una concentración del enfoque más que como un retroceso.
El momento es llamativo. Los despidos llegan poco después de que la organización ayudara a lograr una serie de importantes victorias judiciales contra empresas de redes sociales. Esos casos se apoyaron en gran medida en investigaciones que sostenían que las plataformas estaban diseñadas de formas que mantienen a los niños atados a sus pantallas. En otras palabras, una estrategia que había empezado a dar frutos en los tribunales se está desmantelando en el momento de su más clara vindicación.
Por qué la junta eligió un solo camino
Tras años de avanzar en dos direcciones a la vez, la junta concluyó que la doble identidad se había convertido en un lastre. Operar como una organización de activismo encabezada por un fundador carismático y, al mismo tiempo, funcionar como un think tank que produce documentos de políticas, determinaron los miembros de la junta, había dispersado demasiado a la organización como para hacer bien cualquiera de las dos labores a plena capacidad.
En adelante, el centro se concentrará en lo que denomina iniciativas lideradas por sus fundadores: educación pública, sesiones informativas específicas y coordinación privada. La junta afirmó que la nueva estructura se basa en el historial del grupo de llegar a audiencias amplias y de relacionarse con responsables de decisiones influyentes, el tipo de labor para la que un fundador reconocible es un activo natural.
Dos funciones se eliminan por completo: la asistencia en litigios y la evaluación de herramientas de IA. La junta no especificó un número exacto de despidos en su anuncio.
Premal Shah, quien preside la junta, ofreció una justificación directa. Dijo en un comunicado a WIRED que este periodo de riesgo acelerado por la inteligencia artificial exige elegir una única estrategia, y que la organización había optado por concentrarse en el trabajo que siempre ha hecho mejor.
- Aproximadamente la mitad de los 16 empleados no fundadores se marchan, nueve personas en total.
- La directora ejecutiva Julie Guirado y la directora sénior de estrategia Camille Carlton están entre quienes se van.
- El apoyo en litigios y la evaluación de herramientas de IA se cierran.
- El enfoque restante: educación pública, sesiones informativas específicas y coordinación privada.
Tensiones que llevaban años gestándose
La reestructuración no surgió de la nada. Dieciséis extrabajadores, la mayoría de los cuales habló con WIRED a principios de este año bajo condición de anonimato porque temían repercusiones profesionales, describieron debates internos que llevaban años gestándose sobre la dirección y la estrategia del grupo.
Esos relatos sugieren una pregunta persistente: ¿debería el centro ser un movimiento, definido por la voz de su fundador y su capacidad de moldear la conversación pública, o una institución, definida por la investigación paciente y el trabajo jurídico de base? La respuesta de la junta ahora es explícita. Ha elegido el movimiento, o al menos la versión de este que pasa por sus fundadores.
Esa elección conlleva compensaciones reales. Las organizaciones lideradas por sus fundadores pueden moverse rápido, hablar con una sola voz y captar la atención de formas que los comités no pueden. También pueden tener dificultades para sostener el trabajo poco glamuroso —la revisión de documentos, las declaraciones juradas de expertos, las auditorías de herramientas— que produjo los resultados que el centro celebra ahora.
Dieciséis exempleados hablando a lo largo de muchos meses constituyen una ventana inusualmente detallada a una organización sin ánimo de lucro cuya cara pública siempre ha sido un único fundador. Sus relatos, ofrecidos de forma anónima, apuntan a una tensión organizativa conocida: la brecha entre una narrativa pública convincente y la maquinaria cotidiana necesaria para mantenerla financiada, dotada de personal y eficaz.
Del tiempo frente a las pantallas al riesgo de la IA
En los últimos años, Harris ha pasado de forma constante de advertir sobre el uso compulsivo del teléfono a una alarma más amplia sobre la inteligencia artificial avanzada. Se ha sumado a un coro creciente de críticos que sostienen que los sistemas de IA podrían escapar del control humano, describiendo el peligro en términos crudos como una posible toma del poder por parte de la propia tecnología. En una entrevista con NBC News el mes pasado, dijo que se necesita actuar de inmediato, antes de que se cierre la ventana.
El trabajo del centro en materia de IA ha abarcado un amplio espectro. Instó al público a firmar una destacada petición que pedía una pausa en el desarrollo de la IA. Ayudó a organizar una audiencia en el Congreso sobre los riesgos que plantean los chatbots. Asesoró en demandas e investigaciones que examinan a los laboratorios de IA y sus decisiones de diseño, incluido un caso en curso presentado contra OpenAI por los padres de un adolescente.
En particular, una de las funciones que se recortan, la evaluación de herramientas de IA, se sitúa justo dentro de esa cartera de IA. El nuevo énfasis del centro en sesiones informativas y coordinación privada sugiere que pretende influir en la política de IA mediante relaciones y persuasión en lugar de mediante evaluaciones técnicas publicadas públicamente.
Qué viene después
Para el movimiento de seguridad en línea que el centro ayudó a encender, la señal es ambigua. Por un lado, el grupo se encoge en un momento en que el escrutinio tanto de las redes sociales como de la IA se intensifica. Por otro, sus victorias judiciales ya están registradas, citadas en batallas que continuarán mucho más allá de la propia nómina de la organización.
Para Harris, el giro consolida un papel que ha ocupado durante años: el explicador en jefe, que traduce el riesgo técnico a un lenguaje sobre el que padres, legisladores y ejecutivos pueden actuar. Si una operación más pequeña e impulsada por su fundador puede seguir el ritmo de una industria que avanza en ciclos trimestrales es una pregunta abierta.
Lo que no está en duda es que el debate interno del grupo ha quedado ahora resuelto por su junta, y la respuesta conlleva consecuencias no solo para las personas que están vaciando sus escritorios, sino también para cómo se organiza a partir de ahora el movimiento más amplio contra la tecnología adictiva y sin control.
Este artículo se basa en reportajes de Wired. Lee el artículo original.
Originally published on wired.com
