Un cementerio bajo cuatro millas de agua

Los investigadores han identificado lo que describen como la necrópolis de ballenas más grande, profunda y antigua hallada hasta ahora: un extenso cementerio en la Zona Diamantina del océano Índico que contiene cientos de restos de cetáceos depositados a lo largo de millones de años. El sitio se extiende por unas 745 millas e incluye tanto esqueletos fósiles como caídas de ballenas más recientes que todavía sostienen comunidades vivas del fondo marino.

La escala por sí sola hace que el hallazgo sea inusual. Las caídas de ballenas ya se encuentran entre los eventos ecológicos más singulares del océano, al convertir un solo cadáver en una fuente duradera de alimento y hábitat en el fondo marino profundo. Lo que los científicos informan aquí no es un único sitio de alimentación aislado, sino una acumulación prolongada de restos de ballenas que se remonta a unos 5,3 millones de años, creando un archivo tanto de la historia de la extinción como de la actividad ecológica actual.

Cómo se encontró el sitio

Los restos fueron avistados durante inmersiones a comienzos de 2023 por el sumergible tripulado Fendouzhe, que puede alcanzar casi siete millas de profundidad. Los investigadores identificaron huesos yaciendo bajo más de cuatro millas de agua en una parte del océano que antes no se conocía por concentraciones de caídas de ballenas de esta magnitud.

Según el texto fuente proporcionado, el equipo registró 476 cetáceos fósiles, así como cinco comunidades modernas naturales de caídas de ballenas. Muchos de los animales extinguidos parecen ser zifios buceadores de aguas profundas. La combinación de abundancia fósil y ecosistemas activos da al sitio un valor doble poco común: es a la vez un registro paleontológico y un laboratorio ecológico vivo.

Scientists Discover Vast Ancient ‘Necropolis’ Teeming With Strange New Creatures
Restos esqueléticos fragmentarios de una ballena con anémonas de mar pedunculadas, esponjas y estrellas de mar. Fotografías tomadas desde el sumergible chino Fendouzhe. Imagen: Global TREnD, IDSSE

Vida construida sobre la muerte

Uno de los detalles más llamativos es cuán productivas parecen ser las comunidades vivas de caídas de ballenas. La fuente describe densas poblaciones de gusanos devoradores de huesos, gasterópodos, bivalvos vesicómidos, ofiuras, crustáceos, moluscos y microbios. Las densidades locales habrían alcanzado hasta 2.840 individuos por metro cuadrado.

Esa concentración subraya por qué las caídas de ballenas importan tanto en el océano profundo. En un entorno donde la comida escasea y llega de forma impredecible, un gran cadáver puede actuar como un subsidio energético que sostiene sucesiones enteras de organismos durante largos periodos. Los huesos, los tejidos y la química de la descomposición generan oportunidades para formas de vida especializadas. El hallazgo de Diamantina sugiere que esas oportunidades pueden persistir no solo en un sitio, sino a lo largo de un gran corredor de aguas profundas si la llegada de ballenas se mantiene lo bastante alta a escala geológica.

El equipo de investigación también dijo que la mayoría de los taxones recuperados podrían ser nuevos para la ciencia. Si eso se confirma, el cementerio no sería solo un registro de carroñeros familiares de las profundidades del océano aprovechando una fuente de alimento inusual. También podría representar un reservorio de biodiversidad no documentada, adaptada a uno de los tipos de hábitat más extremos de la Tierra.

Por qué se formó este lugar

Los investigadores sugieren que los zifios pudieron haber sido atraídos repetidamente a estas aguas profundas por presas abundantes como calamares y peces. Eso ayudaría a explicar por qué los cadáveres se acumularon aquí durante tanto tiempo. La misma profundidad que ofrecía ricas oportunidades de alimentación también puede haber aumentado el riesgo de mortalidad. Algunas ballenas podrían haberse sumergido tan profundamente que sufrieran enfermedad por descompresión o agotamiento fatal.

Whale-fall ecosystems in the sulfophilic stage in the Diamantina Zone.
Varios restos en la necrópolis. Imagen: IDSSE

Incluso como hipótesis de trabajo, esa explicación es reveladora. Presenta la necrópolis no como una dispersión aleatoria de restos, sino como el producto de un patrón ecológico recurrente, en el que el comportamiento, la distribución de presas y la profundidad extrema se combinaron para hacer de una región un lugar a la vez atractivo y peligroso para las ballenas buceadoras.

Un nuevo referente para la investigación de caídas de ballenas

El hallazgo amplía en más de 2.500 metros el rango de profundidad conocido de los ecosistemas de caídas de ballenas, según el texto fuente. Eso por sí solo da a los científicos marinos motivos para revisar supuestos sobre dónde pueden formarse estos hábitats y con qué frecuencia podrían aparecer en las partes más profundas del océano.

También refuerza la importancia de las tecnologías de exploración de aguas profundas. Sin un sumergible capaz de alcanzar estas profundidades, el sitio probablemente habría permanecido invisible. Gran parte de la llanura abisal aún carece de observación directa, y descubrimientos como este sugieren que importantes rasgos ecológicos y paleontológicos podrían seguir esperando en lugares que apenas han visto presencia humana.

La necrópolis de Diamantina resulta convincente porque opera en múltiples escalas temporales a la vez. Registra millones de años de muerte de ballenas, capta la persistencia de la transferencia de nutrientes en el océano profundo y alberga comunidades vivas que aún podrían estar evolucionando en respuesta a esos patrones antiguos. En otras palabras, no es solo un cementerio. Es un ecosistema construido a partir de pérdidas repetidas, preservado en la oscuridad y que solo ahora empieza a hacerse visible.

Este artículo se basa en una cobertura de 404 Media. Lee el artículo original.

Originally published on 404media.co