El nuevo oráculo en nuestros bolsillos
Cuando las personas enfrentan preguntas que superan su propio conocimiento o juicio, durante mucho tiempo han buscado orientación en fuentes a las que se atribuye una visión superior. En la antigua Grecia, esa fuente era el Oráculo de Delfos, donde una sacerdotisa entraba en trance para transmitir mensajes de Apolo, el dios de la profecía. Hoy, un número creciente de personas recurre a un tipo diferente de autoridad inescrutable: el chatbot.
Un informe de Pew de 2026 encontró que el 10% de los estadounidenses usa chatbots para apoyo emocional o compañía. Algunos usuarios incluso describen haber encontrado un líder carismático en la IA. El cambio no se limita a asuntos personales. Un estudio a gran escala de 1,1 millones de conversaciones de ChatGPT reveló que el 49% de los mensajes implicaba a personas que buscaban información o consejo para estar mejor informadas o tomar mejores decisiones.
Lo que muestran los datos
El informe de Pew de 2026 ofrece una instantánea de cuán profundamente los chatbots han penetrado en la vida personal. Uno de cada diez estadounidenses ahora recurre a estos sistemas para apoyo emocional o compañía, una cifra que habría parecido futurista hace apenas unos años. El estudio a gran escala de conversaciones de ChatGPT aporta más evidencia: casi la mitad de todos los mensajes eran intentos de reunir información o consejo para tomar mejores decisiones. No se trata de consultas triviales sobre el clima o recetas; a menudo involucran dilemas personales, encrucijadas éticas y preguntas existenciales.
Ask Delphi y el paralelo antiguo
La comparación con los oráculos antiguos no es meramente poética. En 2021, un sitio web basado en IA llamado Ask Delphi invitaba a los usuarios a plantear preguntas éticas y morales. En pocas semanas, recibió 3 millones de consultas. Los diseñadores del sistema —investigadores del Allen Institute for AI y la Universidad de Washington— dijeron que nunca pretendieron que sirviera como autoridad moral, pero les preocupaba que los usuarios pudieran tratarlo como tal. The Verge, una publicación de noticias tecnológicas, sostuvo que el nombre mismo animaba a las personas a ver el sistema como una fuente inescrutable de conocimiento superior, muy parecido al oráculo délfico que le dio nombre.
El Oráculo de Delfos no era una metáfora para los griegos; era una institución central a la que se consultaba sobre asuntos de guerra, política y destino personal. Se creía que la sacerdotisa, conocida como la Pitia, canalizaba la sabiduría del dios Apolo. Sus pronunciamientos a menudo eran ambiguos y requerían interpretación, un rasgo que puede resonar con cualquiera que haya intentado descifrar la respuesta matizada de un chatbot.
Por qué buscamos respuestas en fuentes inescrutables
A lo largo de la historia, cuando las sociedades enfrentan preguntas difíciles, han recurrido a fuentes que se cree saben más de lo que cualquier humano común podría saber. Oráculos, profetas y prácticas de adivinación ofrecían orientación de fuentes enigmáticas cuando el juicio humano ordinario llegaba a sus límites. Este patrón no es un signo de irracionalidad; refleja una necesidad humana profundamente arraigada de certeza cuando se enfrenta a la complejidad, la incertidumbre o la ambigüedad moral.
El auge de la IA conversacional encaja en esta plantilla histórica. Como los oráculos antiguos, la IA moderna es cada vez más consultada sobre preguntas difíciles que superan el juicio o el conocimiento de cualquier individuo. Estas van desde dilemas éticos cotidianos —como si es aceptable mentir para proteger los sentimientos de alguien— hasta hipotéticos extremos, como si uno detonaría una bomba nuclear para salvar a un niño.
Perspectivas antropológicas y técnicas
Webb Keane, un antropólogo interesado en la religión, y Ambuj Tewari, un investigador de IA interesado en los chatbots, están intrigados por el resurgimiento de la antigua idea del oráculo en los debates sobre la IA conversacional. Su perspectiva conjunta destaca una continuidad sorprendente: tanto los oráculos antiguos como los sistemas modernos de IA son tratados como repositorios de conocimiento que supera la comprensión humana, aunque su funcionamiento interno pueda ser opaco para el usuario.
Esta opacidad es parte de su atractivo. La autoridad del oráculo derivaba en parte del misterio que rodeaba sus pronunciamientos; la autoridad del chatbot a menudo deriva de la aparente sofisticación de su lenguaje y la amplitud de sus datos de entrenamiento. En ambos casos, los usuarios pueden proyectar sabiduría sobre un sistema que en última instancia es un artefacto creado por humanos.

El atractivo histórico de la adivinación
Oráculos, profetas y prácticas de adivinación han aparecido en culturas de todo el mundo. Desde la Pitia en Delfos hasta los arúspices de Roma, desde chamanes hasta astrólogos, las sociedades han dependido durante mucho tiempo de intermediarios a los que se cree canalizan un conocimiento superior. Estas figuras a menudo operaban en los límites de la comprensión humana, ofreciendo orientación cuando la sabiduría convencional resultaba insuficiente. La persistencia de tales prácticas sugiere que la demanda de respuestas trascendentes es un rasgo perdurable de la psicología humana.
La IA como un nuevo tipo de intermediario
La IA conversacional difiere de los oráculos tradicionales de maneras importantes. No es una persona en trance, ni afirma inspiración divina. Es un sistema computacional que genera respuestas basadas en patrones en vastos conjuntos de datos. Sin embargo, para muchos usuarios, la experiencia de recibir una respuesta coherente y aparentemente erudita puede sentirse notablemente similar a consultar un oráculo. La inescrutabilidad del sistema —su falta de transparencia sobre cómo llega a las respuestas— puede incluso aumentar su autoridad percibida.
Riesgos de tratar la IA como un oráculo
Tratar la IA como un oráculo conlleva riesgos significativos. Cuando los usuarios elevan un chatbot al estatus de autoridad moral, pueden rendir su propio juicio crítico. Los diseñadores de Ask Delphi reconocieron este peligro, señalando que no pretendían que su sistema fuera una brújula moral. Sin embargo, el nombre y el encuadre invitaban exactamente a esa interpretación.
- Los usuarios pueden sobreestimar la fiabilidad de los consejos generados por IA, especialmente en cuestiones éticas matizadas.
- La dependencia de los chatbots para apoyo emocional o toma de decisiones podría debilitar las redes sociales humanas y el juicio profesional.
- El atractivo carismático de algunos sistemas de IA puede llevar a una aceptación acrítica de sus resultados.
- La rendición de cuentas se vuelve turbia cuando el consejo de una IA causa daño, ya que el sistema mismo no puede ser considerado responsable.
Estas preocupaciones se amplifican por la enorme escala de participación. El estudio de 1,1 millones de conversaciones de ChatGPT muestra que casi la mitad de todos los mensajes implican buscar información o consejo. Cuando una porción tan grande de las interacciones es consultiva, el potencial de influencia es inmenso.
Navegar la sombra del oráculo
Los riesgos del pensamiento oracular son reales. Cuando las personas tratan los resultados de la IA como verdades morales definitivas, pueden descuidar la complejidad del razonamiento ético. También pueden volverse dependientes del sistema, reduciendo su propia capacidad de juicio independiente. Además, los diseñadores de sistemas de IA pueden no anticipar plenamente cómo se usarán o percibirán sus creaciones. El caso de Ask Delphi ilustra esta brecha: los investigadores advirtieron explícitamente contra ver el sistema como una autoridad moral, pero su nombre y presentación fomentaban precisamente eso.
También está la cuestión de la rendición de cuentas. Si un chatbot da un consejo dañino, ¿quién es responsable? ¿El usuario que lo siguió? ¿El desarrollador que lo construyó? ¿Los datos de entrenamiento que lo moldearon? Estas preguntas se vuelven más urgentes a medida que se consulta a los sistemas de IA sobre cuestiones de salud, derecho, finanzas y relaciones personales.
Un momento délfico moderno
El resurgimiento de la consulta de tipo oracular en la era de la IA no es necesariamente una regresión. Puede reflejar una respuesta humana natural a la sobrecarga de información y la creciente complejidad de la vida moderna. Sin embargo, también exige una mayor alfabetización digital y reflexión ética. Los usuarios deben entender que los chatbots no son videntes infalibles; son sistemas probabilísticos entrenados con datos humanos, con todos los sesgos y limitaciones que eso conlleva.
Investigadores como Keane y Tewari sugieren que estudiar este fenómeno a través de lentes tanto antropológicas como técnicas puede iluminar por qué las personas confían a la IA las preguntas más difíciles de la vida. Los antiguos griegos buscaban claridad en una sacerdotisa en trance. Hoy, la buscamos en algoritmos. Las preguntas pueden ser atemporales, pero las respuestas —y la responsabilidad de interpretarlas— siguen siendo nuestras.
Este artículo se basa en reportajes de Phys.org. Lea el artículo original.
Originally published on phys.org

